(I) EL PAIS. Madrid. Miércoles, 9 de enero de 1985
Otro hombre muerto a causa del frío
EL PAIS | Madrid
Secundino Rivera López, de 51 años de edad, fue encontrado muerto ayer en un edificio en ruinas situado en la plaza de Agustín Lara, de Madrid, donde se había refugiado para pasar la noche. Al parecer, la muerte le sobrevino a causa de las bajas temperaturas. Es la segunda persona que muere a causa del frío en los dos últimos días. Según ha manifestado un amigo que le acompañaba, ambos se echaron a dormir junto a una hoguera que se apagó en el curso de la noche. Secundino murió durante la madrugada, según advirtió su amigo al despertarse por la mañana.
(I) EL PAIS. Madrid. Sábado, 12 de enero de 1985
Apuñalado en un bar
BREVES
EL PAIS | Madrid
José María Molina Hernández, de 26 años, fue apuñalado varias veces en la puerta de un bar situado en la madrileña plaza de Lavapiés, número 5, por un hombre no identificado con el que mantuvo una discusión momentos antes en dicho establecimiento, según algunos testigos. El suceso se produjo a las 15.30 del pasado jueves, y en él José María Molina sufrió heridas de gravedad, según la policía.
(I) EL PAIS. Madrid. Jueves, 24 de enero de 1985
Comienzan hoy las obras de reordenación de la zona de Atocha
EL PAIS | Madrid
El Ayuntamiento de Madrid comienza hoy las obras previas de reordenación superficial de la glorieta de Carlos V y zonas adyacentes, cuya fecha de finalización está prevista para febrero o marzo de 1987, según manifestó el concejal de Urbanismo, Jesús Espelosín. La Operación Atocha incluye la supresión del paso elevado o escalextric, una nueva ordenación del tráfico de vehículos en la glorieta y la reconversión de la estación del ferrocarril en una gran terminal de transportes públicos de cercanías. También se construirá un paso subterráneo desde el paseo de la Infanta Isabel hasta la Ronda de Atocha.Espelosín explicó que las obras se realizarán sin interrumpir la circulación de vehículos en la glorieta de Carlos V, «lo que significa un gran esfuerzo técnico que supondrá que las obras se dilaten algún tiempo más, pero evitará que este área urbana quede colapsada».
Para conseguir este objetivo, el Ayuntamiento ha previsto medidas complementarias que consisten en reordenar el tráfico provisionalmente en las calles y plazas del entorno. Mientras se realicen estos trabajos también se iniciarán otras obras, como el cierre del segundo cinturón, que va desde la calle Méndez Álvaro hasta Embajadores, y la apertura de la calle Menéndez Pelayo bajo las vías del ferrocarril, con objeto de reforzar el número de itinerarios alternativos que permitan aliviar el tráfico en la glorieta.
(I) EL PAIS. Madrid. Sábado, 23 de febrero de 1985
El primer tramo del ‘scalextric’ sera desmontado en abril
Comienzan las obras del paso subterráneo que permitir reducir el tráfico por la glorieta de Carlos V
PEDRO MONTOLIÚ | Madrid
El primer tramo del paso elevado de la glorieta de Carlos V, situado entre la ronda de Valencia y la avenida de la Ciudad de Barcelona, será desmontado en los primeros días del mes de abril, coincidiendo con el éxodo de la Semana Santa. Los trabajos para la construcción de un subterráneo bajo 20 vías de ferrocarril en la prolongación de la calle de Menéndez Pelayo ya han comenzado. Esta obra es fundamental para reducir el tráfico rodado por la glorieta de Atocha.
El desmontaje del paso elevado, popularmente conocido en Madrid como el scalextric, forma parte del primer grupo de actuaciones urbanísticas para remodelar la glorieta y convertir la estación de Atocha en el punto de penetración de los transportes de cercanías procedentes del área metropolitana de Madrid. El scalextric puede desmontarse porque ya desde su instalación se concibió como una estructura provisional, que no está, anclada en el terreno. Esta circunstancia permitirá trasladar los módulos que lo componen a cualquier punto de la ciudad y darles una nueva utilidad. El objetivo final es construir un túnel entre la ronda de Valencia y la avenida de la Ciudad de Barcelona. La empresa que realizará estas obras, a partir del próximo 1 de marzo, deberá solucionar problemas de considerable dificultad técnica , como el traslado de una de las principales conducciones de agua potable del Canal de Isabel II y de varios miles de cables de la Compañía Telefónica Nacional de España que pasan bajo el comienzo de la avenida de la Ciudad de Barcelona.
Los responsables de la operación por parte del Ayuntamiento consideran que el primer tramo del paso elevado podrá ser retirado en Semana Santa, aprovechando las sensible disminución del número de vehículos que circulan por la ciudad durante el puente festivo. Los automóviles, una vez retirado el tramo de paso elevado, tendrán que circular sobre la calzada.
Mientras se realizan estos trabajos, que fueron sacados a concurso el pasado 1 de febrero en 812 millones de pesetas, el Ministerio de Transportes, Turismo y Comunicaciones, a través de la Dirección General de Infraestrutura del Transporte, realizará otra de las obras que se consideran imprescindibles para la total retirada del paso elevado de Atocha: el subterráneo de la calle de Ménendez Pelayo.
Este trabajo ya ha sido adjudicado en 500 millones de pesetas. Consistirá en perforar y consolidar en la calle del Comercio, prolongación de la calle de Menéndez Pelayo, un paso bajo las vías del ferrocarril, con amplitud para acoger dos vehículos circulando en paralelo en cada sentido.
El objetivo de este paso subterráneo es evitar que los automóviles que proceden de las zonas este y norte de Madrid y se dirigen hacia el Sur tengan que cruzar necesariamente la glorieta de Carlos V y puedan llegar a la calle de Méndez Álvaro directamente por la de Menéndez Pelayo. La singularidad de la obra recuerda a la realizada en el puente de los Tres Ojos, pues se quiere construir el subterráneo sin interrumpir el servicio, según informó Antonio Alcaide, director general de Infraestructura del Transporte.
Nueva utilidad
Alcaide manifestó que estas obras, que tienen un plazo de 12 meses, «son muy complicadas pues hay que hacerla vía a vía, pero son fundamentales si se quiere retirar el scalextric en el plazo establecido». Este plazo según informó Espelosín, termina antes de las elecciones de 1987; momento para el que el paso elevado, en su totalidad, tendrá que haber sido retirado. Según explicó Espelosín, se ha considerado aceptable la petición del Grupo Popular para que los tramos del paso elevado que se retiren sean reutilizados en otras zonas de Madrid. Aunque las tres zonas propuestas por este grupo han sido desestimadas por problemas técnicos, continúan los estudios para lograr este objetivo.
En la actualidad ya se trabaja en un paso a doble nivel de vías, de forma que las líneas de ferrocarril de cercanías pasarán por encima de las vías de largo recorrido antes de entrar en la estación de Atocha. Esta obra ha sido aprovechada para construir dos vías que unirán la estación de Atocha con la de Villaverde Bajo, con lo que se dará servicio a esta zona de la ciudad.
(I) EL PAIS. Madrid. Martes, 26 de febrero de 1985
Los vendedores del Rastro sólo podrán instalarse a diario en la Ribera de Curtidores
EL PAIS | Madrid
Los puestos de venta del Rastro sólo podrán instalarse en días no festivos, a partir de hoy, en la Ribera de Curtidores; y podrán optar a ello exclusivamente aquellos vendedores que dispongan del correspondiente cartón expedido por la Junta Municipal de Centro, según explicó el concejal presidente de dicho distrito, Miguel Lara. Esta medida supone el comienzo de la reorganización de la venta en este famoso mercado, según Lara. El lunes, fuerzas de la Policía Municipal recorrieron las calles y plazas adyacentes a la Ribera de Curtidores, para avisar a los vendedores reticentes ante la entrada en vigor de la nueva normativa. La mayoría de los vendedores de la plaza de Vara del Rey fue desalojada, pero no hubo incidentes de gravedad.
La entrega de los cartones se hace por criterios de antigüedad, afirmó el concejal. «Se beneficia primero a los que acreditan una larga permanencia en el Rastro».
(I) EL PAIS. Madrid. Jueves, 28 de febrero de 1985
Tensión entre los vendedores del Rastro
EL PAIS | Madrid
La Policía Municipal impidió ayer que los vendedores ambulantes sin acreditación se colocaran en la plaza de Vara del Rey o en los puestos de la Ribera de Curtidores, único punto autorizado para la venta callejera los días laborables, en aplicación de la normativa que entró en vigor el pasado lunes. Según Miguel Lara, presidente del distrito Centro, hay cerca de un centenar de vendedores que no cumplen los requisitos exigidos para obtener la credencial. La fotografía recoge el momento en que la Policía Municipal comunica a un vendedor que debe retirar su puesto.
(I) EL PAIS. Madrid. Jueves, 14 de marzo de 1985
El desmantelamiento del ‘scalextric’ de Atocha comienza hoy
La corporación municipal aconseja rutas alternativas y el uso de transportes públicos para circular por la zona
EL PAIS | Madrid
El Ayuntamiento de Madrid inicia hoy las operaciones previas para desmontar el paso elevado para vehículos de la glorieta de Carlos V, más conocido por la denominación popular de scalextric, que se impuso desde su instalación, hace ya 17 años. La desaparición del scalextric forma parte de una amplia operación urbanística, destinada a conectar mejor la zona sur de la ciudad con el centro urbano. A consecuencia de las obras quedarán cortados al tráfico los ramales del paso elevado en las direcciones ronda de Atocha-paseo del Prado y ronda de Atocha-Infanta Isabel. Las obras durarán en total dos años.
El paso elevado de Atocha fue abierto al tráfico el día 16 de mayo de 1968, cuando era alcalde de Madrid Carlos Arias Navarro. A diario pasan por él más de 200.000 vehículos, lo que ha convertido a este punto en uno de los focos de mayor índice de contaminación atmosférica de la ciudad. El desmantelamiento de este sistema de pasos elevados forma parte de un proyecto de remodelación de la glorieta y la estación ferroviaria de Atocha, con la creación de una nueva terminal de trenes de largo recorrido y medios de transporte público de cercanías. Las obras en la glorieta de Carlos V provocarán importantes modificaciones en la regulación del tráfico de vehículos por esta zona de la ciudad. La Concejalía de Circulación ha establecido que el desvío de vehículos se efectuará por la glorieta de Embajadores, calle de Embajadores, glorieta de Santa María de la Cabeza, calle del Ferrocarril y paseo de las Delicias.
El Ayuntamiento aconseja que, para evitar el paso por la glorieta de Carlos V, los vehículos cuyo destino sean los distritos de Salamanca y Retiro se desvíen por el paseo de las Delicias, Ramírez de Prado, Méndez Álvaro, Pedro Bosch y Doctor Esquerdo. Con objeto de facilitar los movimientos principales en la glorieta de Atocha, quedará cortado el acceso a la misma desde las calles de Santa Isabel y Méndez Álvaro. Queda prohibido, además, atravesar la glorieta de Carlos V desde el paseo del Prado. Sólo se permitirá, desde la calle de Claudio Moyano, el giro a la derecha hacia el paseo del Prado.
Transporte público
Por otra parte, los responsables municipales han modificado temporalmente el trayecto de las líneas de autobuses de la Empresa Municipal de Transportes (EMT) 27, 34 y Circular, que hasta ahora circulaban por la zona que a partir de hoy queda cortada al tráfico. Los autobuses de las líneas citadas efectuarán el desvío por la ronda de Atocha y las calles de José Antonio Armona, Sebastián Elcano, Murcia y paseo de las Delicias. La línea 55 cambiará también su itinerario al modificarse el sentido de circulación en un tramo de la calle de Murcia. El recorrido de esta línea queda de la siguiente forma: calle del Ferrocarril, paseo de las Delicias, calles de Tortosa, Rafael de Riego, Áncora, Palos de la Frontera y paseo de Santa María de la Cabeza. El Ayuntamiento recomienda asimismo que se procure evitar el tránsito en vehículo privado por la zona afectada por las obras y que se utilicen preferentemente medios de transporte público. El número de dotaciones de la Policía Municipal en torno a la glorieta de Carlos V será incrementado con el fin de facilitar la regulación del tráfico.
| (I) EL PAIS. Madrid. Viernes, 15 de marzo de 1985 Tierno se felicita por la desaparición de «un estorbo» Cientos de curiosos observaron los trabajos iniciales para la retirada de los pasos elevados de AtochaEL PAIS | Madrid Las obras de desmantelamiento del paso elevado o scalextric de la glorieta de Atocha comenzaron ayer, bajo la atenta mirada de cientos de curiosos. En un improvisado discurso, el alcalde de Madrid, Enrique Tierno, insistió en su idea básica de que la ciudad es como el hogar público de los ciudadanos, lo que conlleva la preocupación de mantenerla limpia y agradable: «Esto es lo que el Ayuntamiento se propone hacer con Atocha», dijo el alcalde. «Eliminar un estorbo que durante años ha entorpecido la visión de una de las plazas más bellas de la ciudad». La glorieta de Carlos V, conocida popularmente como glorieta de Atocha, presentaba ayer un aspecto de trinchera bélica. Las zanjas abiertas por doquier la acordonaban prácticamente en todo su perímetro, excepto en la parte de Claudio Moyano, y se internaban en los últimos tramos de las calles que desembocan en ella. La circulación que atravesaba la plaza en todas direcciones era fluida, tal vez menor que un día normal, aunque las retenciones habituales se habían trasladado a las calles de Embajadores y Ferrocarril, desvío obligado para los vehículos que accedían a Atocha por la Ronda del mismo nombre, cortada al tráfico con motivo de la primera fase de las obras. Los trabajos directos para el desmantelamiento del scalextric comenzarán realmente el próximo día 20, durante la madrugada, cuando a base de potentes gatos hidraúlicos se separe la primera de las secciones del mismo. Ayer por la mañana se trabajaba en obras complementarias como el desvío de colectores que pasan bajo las aceras de la glorieta, preparación e instalación de farolas portátiles para facilitar luz en las horas nocturnas y otras obras menores. Varios obreros, subidos en escaleras, manipulaban en la panza de las calzadas aéreas, con los vehículos circulando por arriba. Aproximadamente a la una de la tarde, el alcalde, Enrique Tierno, dio comienzo sinbólicamente a las operaciones de desmantelamiento. El alcalde empuñó un martillo neumático y retiró el primer trozo de hormigón, de unos 35 centímetros cúbicos, arrancado del primer tramo del paso elevado. Subido en un pequeño estrado, Tierno arengó a los numerosos vecinos que se congregaron atraídos por su presencia para que se preocupen de la conservación y embellecimiento de la ciudad: «Todos tenemos nuestra casa, que es el hogar privado», dijo Tierno, «y la ciudad, que es el hogar público. Durante años, el scalextric ha sido un estorbo que ha estropeado la visión de una de las plazas más bellas de Madrid. Ha provocado una contaminación peligrosa, porque los gases tóxicos caían de un nivel superior al suelo, e invadía la intimidad de las casas que quedaban a su mismo nivel». Tierno añadió que «el scalextric hay que desmontarlo, pues, por razones urbanísticas, estéticas e higiénicas. Esta plaza tendrá árboles y jardines alrededor de su fuente, y los vecinos disfrutarán cuando se asomen al balcón y vean acacias». Las obras de remodelación de la glorieta, en cuyo marco se inscribe el desmantelamiento del paso elevado, durarán hasta 1987, según informó el concejal de Urbanismo, Jesús Espelosín, y costarán alrededor de 1.000 millones de pesetas. Para paliar los problemas de tráfico que se originen se han destinado a la zona 60 agentes municipales. No parece, a tenor de los comentarios recogidos, que los curiosos que observaban largo rato los esfuerzos de los obreros tengan una opinión unánime sobre la desaparición del scalextric. Los vecinos, sin embargo, muestran el color grisáceo y sucio por la contaminación de la glorieta para defender la necesidad de que el monstruo de hormigón desaparezca. Cientos de curiosos observaron los trabajos iniciales para la retirada de los pasos elevados de AtochaPEDRO MONTOLIÚ | Madrid Nunca una marca comercial caló tanto en una ciudad sin necesidad de grandes campañas publicitarias y elevados presupuestos. Bastó un anuncio de un juego de coches teledirigidos en la fachada de una casa de la glorieta de Atocha y un vecino ingenioso que asociara el anuncio con el monstruo situado en medio de la plaza desde 1968. La estructura elevada se llamaría para siempre scalextric, por deseo popular. Desde el principio estuvo claro que no gustaba el paso elevado de Atocha, construido en un intento de solucionar el caos de tráfico que se producía a diario en la glorieta. Pero para las autoridades municipales, la estética tenía que sucumbir ante el ahorro, la rapidez y el ritmo de la ciudad, que no podía detenerse media hora cada día a su paso por la glorieta de Carlos V. Hasta que se abrió el 16 de mayo de 1968, con la presencia del entonces alcalde Carlos Arias Navarro -quien quiso recorrer el kilómetro y medio que miden las rampas y tramos de la estructura-, no es extraño que se produjeran importantes congestiones de tráfico. El parque automovilístico estaba en su mayor momento de crecimiento; no existía la autovía de circunvalación M-30, que se inauguró seis años después; no se habían creado los pasos subterráneos y elevados del eje Doctor Esquerdo-Francisco Silvela-Raimundo Fernández Villaverde, y las vías de la estación de Atocha cortaban la ciudad en dos zonas, lo que exigía a los conductores dirigirse obligatoriamente a Atocha para cualquier tipo de enlace. La delegación de Circulación del Ayuntamiento de Madrid, entonces dirigida por Antonio Valdés, que llegó a ocupar el Ministerio de Obras Públicas en 1974 (inmediatamente antes de Leopoldo Calvo Sotelo) consideró que había que tomar una decisión y así se hizo. Se descartó una solución subterránea a causa del alto costo que suponía actuar en un subsuelo perforado como un queso de gruyère de 23 metros de profundidad. Un concurso ganado por la empresa Cubiertas y Tejados con un proyecto del ingeniero italiano Pessaro iba a cambiar radicalmente la fisonomía de la ciudad. Quizá por ello se repitió tanto la idea de que los pasos elevados se instalaban con carácter provisional.1.200 millones de vehículos José María Paz Casañé, ingeniero y entonces jefe de construcción de Vías Públicas en la mitad este de Madrid, fue encargado de levantar la estructura. «Previamente hubo que meter en galerías todas las canalizaciones y cables de servicio. Terminado este trabajo, tuvimos que colocar más de 50 pilares adaptándolos al terreno con el fin de que no atravesaran los túneles del metro o del ferrocarril», explica Paz Casañé, que fue también el autor del paso subterráneo de peatones existente bajo los paseos de Santa María de la Cabeza y Delicias. En un intento de endulzar las estructuras elevadas, se puso una fuente en el lugar donde había estado una boca de metro. Aunque Carlos Arias no ha podido ser localizado, pues en su domicilio afirman que está de viaje, las personas consultadas que tuvieron relación con el proyecto declaran que la idea de quitar el paso elevado «ya existía en el momento de su construcción». La falta de una estructura viaria adecuada, primero, y el aumento del tráfico, después, hicieron desistir a las sucesivas Corporaciones de quitar el paso elevado, hasta que Enrique Tierno se comprometió a hacerlo durante su actual mandato. El comienzo del fin del scalextric se produce 6.146 días después de su inauguración y tras haber soportado el paso de 1.200 millones de vehículos, unos 230.000 por día. |
(I) EL PAIS. Madrid. Jueves, 21 de marzo de 1985
Anoche se inició el desmontaje del primer tramo del ‘scalextric’ de Atocha
EL PAIS | Madrid
El primer tramo del scalextric de Atocha comenzó a ser retirado en la medianoche de ayer y hoy se espera que los madrileños que pasen por la glorieta no vean ya un tramo de 18,5 metros de longitud, de una anchura de siete a nueve metros y un peso de 92 toneladas en la parte que va de Ronda de Valencia a la avenida Ciudad de Barcelona.
Según lo previsto, este tramo tiene que haber sido retirado antes de las seis de la mañana y llevado en vehículos especiales hasta el kilómetro 8 de la carretera de Toledo.
(I) EL PAIS. Madrid. Lunes, 25 de marzo de 1985
El Ayuntamiento inicia la compra y rehabilitación de 440 viviendas del Madrid antiguo
ANDRÉS MANZANO | Madrid
El Ayuntamiento de Madrid, a través de la Oficina de Barrios en Rehabilitación, ha iniciado este año la adquisición y posterior recuperación de 22 edificios, con un total de 440 viviendas, situados la mayoría de ellos en el barrio de Embajadores. Lo profundamente innovador de estas actuaciones, «y precisamente ahí radica su eficacia, es que se hacen totalmente pegados al terreno, discutiendo casa por casa, familia por familia, las condiciones de la obra», según declaraciones de sus responsables directos, Carlos Soto y Francisco Pol.
Diversos estudios técnicos realizados a lo largo de estos últimos años permitieron conocer las cifras de una realidad humana y social escalofriante: más de 14.000 viviendas del casco antiguo madrileño podían calificarse de infraviviendas, con superficies habitables de menos de 30 metros cuadrados, sin servicios higiénicos en condiciones, y habitadas en un 50% de los casos por matrimonios o por una sola persona de edad avanzada, que subsistían gracias a unas pensiones bajas, circunstancias que hacían prácticamente imposible la realización de las buenas intenciones contenidas en los informes sobre la cuestión. De estas 14.000 infraviviendas, la mayoría se ubican en las 400 corralas que existen en Madrid, de las que un buen ejemplo es la corrala de Mesón de Paredes, actualmente en proceso de rehabilitación.
El proyecto piloto de la recuperación de la denominada manzana de Cascorro sirvió a los técnicos municipales para conocer sobre el terreno las complejidades prácticas que hay que salvar en una operación de esta envergadura. La manzana de Cascorro está formada por 22 edificios, que son un muestrario significativo de los diferentes regímenes de propiedad que se dan en el Madrid antiguo.
El Ayuntamiento adquirió varios de los edificios y llegó a acuerdos firmes con cada uno de los propietarios de los restantes. Las obras de recuperación de esta zona de la capital, tan conocida por ser uno de los centros vitales del Rastro, comenzarán en el plazo de un mes.
«Animados por esta experiencia, y con el apoyo total de Enrique Bardají, gerente municipal de Urbanismo», afirma Carlos Soto, gerente de la Oficina de Barrios en Rehabilitación, «pensamos que era necesario extender esta forma de trabajar al resto del casco antiguo madrileño. La propia gerencia fue consciente de que un programa de rehabilitación no puede hacerse desde una oficina central, sino que había que actuar pegados al propio terreno. La gerencia de urbanismo creó la Oficina de Rehabilitación, en octubre del año 1983, y destinó, para este año, casi «600 millones de pesetas, tanto para las subvenciones a los propietarios como a las actuaciones municipales directas».
Del tiempo de Baroja
Francisco Pol, director de la oficina, insiste en la idea fundamental de que el conocimiento exhaustivo de las condiciones sociales y económicas de cada familia, de la situación de cada vivienda, es fundamental para el buen fin del proyecto. En estos barrios no existen baremos homogéneos, ni para recoger ni para aplicar soluciones; cada vecino es un mundo y hay que llegar a acuerdos con cada uno de ellos. «No hay que olvidar», añade Pol, «que estamos hablando de viviendas que ya eran mencionadas en estudios de los años veinte como insalubres, las que describe Pío Baroja en sus diversas novelas sobre la vida de los barrios miserables de Madrid». Gentes, además, que por su edad no son capaces de organizarse y montar una dinámica de contestación en defensa de sus reivindicaciones; gentes a las que el propio Ayuntamiento tiene que impulsar y convencer de que existen formas para vivir más dignamente.
La primera innovación que caracteriza a esta nueva política de rehabilitación es que el Ayuntamiento decidió comprar aquellos edificios que por sus características, cercanas a la declaración de ruina inminente, no eran susceptibles de ser rehabilitados por particulares. La segunda, que los técnicos de la oficina celebraron conversaciones exhaustivas, «casi policiales», según la expresión de Carlos Soto, para conocer las necesidades de cada familia y su nivel de recursos. La tercera innovación, que las viviendas no se venden de nuevo una vez rehabilitadas, sino que quedan como propiedad municipal, de forma que, cuando sus actuales inquilinos las dejen libres por cualquier motivo, el Ayuntamiento de Madrid tenga un parque de viviendas que ofrecer a aquellos casos que resulten más necesitados.
El fin de la especulación
Se da además el hecho de que es un buen momento para sacar adelante la idea de la rehabilitación de edificios, desde que la promulgación del Plan Especial de la Villa de Madrid acaba de raíz con las pretensiones especulativas de buena parte de los propietarios de edificios antiguos de renta baja. Se ha pasado de incoar en los años setenta 750 expedientes de ruina anuales y 350 licencias de demolición a prácticamente ninguna, salvo los casos en que el estado del edificio hace imposible cualquier posible restauración. Una vez recopilada toda la información, el interior de los edificios queda reestructurado según las necesidades reales de sus ocupantes. No todas las viviendas tendrán la misma extensión, ni, por supuesto, todos sus ocupantes tendrán que pagar lo mismo.
«Una familia puede pagar un año un porcentaje de lo que han costado las obras, pero si al año siguiente, por lo que sea, sus ingrésos aumentan, el alquiler aumentará, y viceversa, si sus ingresos disminuyen, el alquiler se reducirá», explica Francisco Pol, quien añade que, a mayor abundamiento, los gastos originados por la compra del edificio y las obras posteriores se mantienen en todos los casos por debajo de lo que costaría la construcción de nuevas viviendas de promoción pública.
(I) EL PAIS. Madrid. Martes, 23 de abril de 1985
El Ayuntamiento adquiere la corrala de Mesón de Paredes por más de 25 millones
EL PAIS | Madrid
El Ayuntamiento de Madrid ha adquirido, por 25.500.000 pesetas, la corrala de Mesón de Paredes, situada en la calle de Tribulete, 12, con vuelta a Sombrerete, 13. El Ayuntamiento llegó a un acuerdo con el dueño del edificio y, posteriormente, con los 63 vecinos que habitan el inmueble. La corrala de Mesón de Paredes consta de dos edificios diferentes que fueron realizados, con un diseño similar, a finales del siglo XIX. Construida en una parcela rectangular, con una anchura de 14 metros y una longitud de 57 metros que va de calle a calle, los dos edificios están separados en el centro mediante un desnivel de una planta.
En 1979, el dueño de la corrala presentó un expediente de ruina que fue denegado por la Gerencia Municipal de Urbanismo, que ordenó al mismo tiempo la ejecución de obras de seguridad que no fueron tramitadas. Un año más tarde, el Ayuntamiento invirtió casi 30 millones de pesetas sólo para obras de seguridad del edificio, por lo que las condiciones de habitabilidad siguieron sin resolverse.
Coincidiendo con estas obras, el dueño de la corrala recurrió al Tribunal Supremo, que en su sentencia, si bien reconoció su valor histórico-artístico, declaró a efectos judiciales la ruina del inmueble, lo que implicaba la rescisión de los derechos arrendatarios de los inquilinos y la no autorización de demolición del edificio. Paralelamente, los inquilinos presentaron un recurso de amparo ante el Tribunal Constitucional, que fue admitido a trámite.
Mientras tanto, el Ayuntamiento de Madrid, interesado en la compra de la corrala, llegó a un acuerdo con su propietario, ya ha adquirido el inmueble por 25.500.000 pesetas y ha pactado, al mismo tiempo, con los vecinos para reestructurar la corrala. Tras largas negociaciones, 63 vecinos seguirán habitando la corrala, lo que representa el 80% de su capacidad. Con el 20% restante se llega a acuerdos por los que el Ayuntamiento invertirá casi tres millones de pesetas en pagar indemnizaciones.
Tras esta compra, el Ayuntamiento iniciará las obras de rehabilitación de las viviendas, que carecen de cuartos de baño, con un presupuesto de 54 millones de pesetas.
| (I) EL PAIS. Madrid. Domingo, 28 de abril de 1985 El pintoresquismo de la mugre Arquitectura popular madrileña. Las corralas, un producto de la especulación del siglo XIX, habitadas hoy por ancianos solitariosANDRÉS MANZANO | Madrid El pintoresquismo de las corralas madrileñas, tan alabado, ha ocultado durante 200 años la mugre acumulada y padecida por generaciones de madrileños hacinados en casas de 30 metros cuadrados sin ventilación. Casas-escaparates, donde la solidaridad era obligada, so pena de convertir el exiguo espacio vital común en un infierno, ahora se pretende que su peculiar encanto, que lo tienen, se armonice con el respeto a las personas que las habitan, la mayoría ancianas, que recuerdan sus vivencias con cariño y se han resistido siempre a marcharse. «Era la corrala un mundo en pequeño, agitado y febril, que bullía como una gusanera. Allí se trabajaba, se holgaba, se bebía, se ayunaba, se moría de hambre. Entre la cal y los ladrillos de las paredes asomaban, como huesos puestos al descubierto, largueros y travesaños, rodeados de tomizas resecas». La negra descripción de Pío Baroja sólo es válida a medias en estos tiempos. En Madrid existen aún unos 440 edificios de corrala, repartidos por el centro antiguo, Arganzuela, Tetuán, barrios periféricos destinados en el siglo XIX al proletariado. Salvo los escasos 40 que están ahora siendo rehabilitados directamente por el Ayuntamiento, o por los propietarios con subvenciones municipales, el resto sigue en las lamentables condiciones higiénicas y de solidez de construcción de las que hablaba Baroja. Lo que ha cambiado es una de sus características tradicionales: el hacinamiento. Las corralas son hoy cuerpos moribundos, que se desmoronan por la humedad de sus techos viejos y sus escaleras vencidas. Los hijos de la última generación, la de los años sesenta y setenta, cambiaron una forma de chabolismo vertical, magnificada bajo la categoría de arquitectura popular madrileña, por la uniformidad también vertical de los bloques de Parla o Fuenlabrada. Apenas quedan los que nacieron allí, los viejos que no tienen dinero para irse, pero que, de todas formas, están tan apegados a su casa, su barrio y sus recuerdos, que tampoco quieren hacerlo. También su importancia como crisol de creación de formas y expresiones del casticismo madrileño ha caído en desgracia. Para Juan Villarín, periodista y escritor, nacido en una corrala, buen conocedor de la vida de los barrios del centro, trabajador desde hace 13 años en una extensísima Guía de Madrid, las corralas son el marco que permite la creación de la zarzuela, y en la de Mesón de Paredes hay una placa que así lo recuerda. La Casa de Tócame Roque, corrala situada al final de la calle del Barquillo, hoy desaparecida, inspiró a don Ramón de la Cruz su famoso sainete. La vida abierta de las corralas fue la base de la fama de Madrid como ciudad hospitalaria». Las corralas más conocidas, las situadas en el distrito centro, en el Rastro, Lavapiés y Embajadores, tienen una situación magnífica, a la que ahora comienza a añadirse una cara saludable, restaurada. Una de ellas, la de Mesón de Paredes, en realidad dos corralas diferentes separadas o apoyadas por una medianería, escenario natural de los espectáculos veraniegos de zarzuela del Ayuntamiento, está hoy repintada y limpia, y es el orgullo de las 53 familias que la ocupan, la mitad de ellas formadas por una sola persona. A las cinco de la tarde, una anciana barre el suelo de cemento del patio, tres vecinas charlan en la corredera de la planta cuarta y última, y un hombre de 63 años, Ramón Pérez García, nacido allí mismo, antiguo cristalero, hoy con baja laboral por invalidez, de aspecto entero, contempla a los chiquillos del barrio jugando al balón en la plaza y recuerda que vio hacer lo mismo a uno de los mejores jugadores del fútbol español, Hipólito Rincón, también corralero, hoy en el Real Betis. A esa hora, el sol pega muy fuerte. «Aquí lo peor es que las casas no tienen ventilación ninguna, salvo la propia puerta de entrada y la ventana de la cocina. En verano te asas de calor, y en invierno son muy frías. Hombre, poco a poco hemos ido arreglando cada uno su casa lo mejor posible».Un barrio divertido Ramón Pérez y su esposa son, desde hace 10 años, los únicos vecinos del tercer piso, lo que les permite que el servicio comunal de la planta sea particular, para ellos solos. Aprovechándose de esta circunstancia, Ramón arregló el servicio hace años; es un habitáculo de apenas 80 centímetros de lado, dotado de un retrete sin taza, cuyo sumidero sirve también como desagüe para el agua de la ducha. «Hace muchos años esto era horroroso. Por las mañanas había colas de 15 o 20 personas esperando su turno para entrar. Cada semana, una familia se encargaba de la limpieza, aunque no había nadie tan guarro que no lo limpiara inmediatamente si lo ensuciaba. Tampoco teníamos agua. La cogíamos de una pileta que había junto al servicio. Pero eso sí, en los 63 años que llevo aquí, todos los vecinos nos hemos llevado siempre muy bien, quitando las peleas que surgían a veces y que nunca pasaban a mayores. Nos arreglábamos como podíamos y nos ayudábamos entre todos. Mis padres tuvieron siete hijos, que era una cosa normal, y menos mal que mi madre estaba de portera y podíamos aprovechar las dos salas de la portería. En verano, los jóvenes dormíamos en la corredera, todos en hilera. Era el lugar más agradable de la casa y el sitio obligado de conversación. Los vecinos sacaban sus sillas con la fresca y hablábamos». Ramón es uno de los vecinos que tampoco se quieren marchar y que se ha enterado de las noticias de ayuda municipal sin gran emoción. «Hombre, si es verdad que a todo el mundo le gustan las corralas y que nos han declarado monumento local [el 5 de enero de 1978], ya va siendo hora de que arreglen esto». Ramón vive en 28 metros cuadrados, un pequeño salón, una cocina estrechita y dos minúsculos dormitorios, todo el espacio útil aprovechado con codicia. Ramón pasa mucho tiempo sentado en la corredera, mirando. Enfrente de la corrala están el teatro Lavapiés -cerrado hace años-, las ruinas de la iglesia de San Fernando, la plaza de Agustín Lara -presidida por la estatua chulesca del mexicano-; ancianos, parados y desocupados tomando el sol, mujeres paseando niños, de compras; un joven agitanado vende bolsas de naranjas de dos kilos a 100 pesetas; un mendigo come un trozo de pan que desmiga con los dedos; otro cazadora de ante y zapatillas de felpa, enjuaga una botella de vino en la fuente de piedra; otros dos beben a morro sentados en el suelo; mercería Maruja, últimas novedades; zapatería El Zapato de Oro; bodegas Belmonte; expendeduría de carne de caballo; un consultorio desvencijado con entrada por un callejón lateral cegado; algún solar cerrado con tablas. Mucha gente a cualquier hora y cierta negligencia del público y de los servicios de limpieza: papeles, bolsas desparramadas, excrementos de perros por toda la plaza, bancos casi descuartizados por la chiquillería. En el Molino Rojo, uno de los locales más clásicos y cutres de Madrid, la atracción es el gran show de una pareja, maciza ella, paleto con boina y mirada un poco extraviada él. «Éste ha sido siempre un barrio muy distraído», dice Ramón. «Ahora un poco menos, pero siempre ha habido mucha vida. Antes, por las calles subían los carros, y los más pesados se iban para atrás, porque los animales no podían subir las cuestas. No me extraña que ahora le gente joven se quiera venir al centro otra vez. Mis dos hijos se marcharon porque los tiempos cambian, y ya no se puede vivir tan apretados como lo hicimos nosotros». Ramón Pérez paga 116 pesetas al mes por su vivienda, y sólo ha visto a su propietario, que vive en Valencia, en dos ocasiones. Con la rehabilitación -aprovechar el espacio de las viviendas vacías para ampliar las restantes-, el alquiler le puede subir a 3.000 o 4.000 pesetas. «Espero que sea verdad lo que nos han dicho de que los viejos que sólo tienen una pensión pequeña no pagarán nada. |
(I) EL PAIS. Madrid. Domingo, 28 de abril de 1985
52.521 personas, en 438 hormigueros
Arquitectura popular madrileña
ANDRÉS MANZANO | Madrid
Subsisten en Madrid unas 440 corralas, de las que menos de 10 son anteriores al siglo XIX. Las más antiguas, de los siglos XVI, XVII y posteriores, recogían la arquitectura de la casa rural manchega trasladada a la ciudad: eran muy parecidas a las actuales, pero de sólo dos plantas, con patios más grandes, más desahogadas. A lo largo del siglo XIX, Madrid sufre un crecimiento de población vertiginoso: de 200.000 habitantes en 1864 -por citar una estadística conocida- a 530.000 en 1900, apenas 25 años después. La especulación se ceba en los barrios periféricos, y los propietarios de fincas se limitan a aplicar la misma fórmula, pero subiendo tres o cuatro plantas más y estrechando los patios para aprovechar el espacio al máximo. Es el chabolismo vertical, que luego se repetiría en el Madrid de la posguerra, con la diferencia de que el tiempo, aparte de cubrirlas de mugre y romanticismo, las ha reconocido como ejemplos de arquitectura popular, y es este mismo carácter el que ahora se constituye como el mejor escudo para su protección.
El hacinamiento.
En el magnífico estudio de Philiph Hauser sobre la vida en los barrios populares madrileños, de 1904, se cita un dato escalofriante: en 438 corralas vivían 52.521 vecinos. Las Ordenanzas de Policía Urbana y Rural de 1847, vigentes con ligeras modificaciones hasta 1892, se preocupaban muy poco de las medidas de higiene que debían cumplir las nuevas edificaciones. Es signigficativo el dato, recogido en otros estudios y libros de la época, de que buena parte de los concejales madrileños eran propietarios de fincas. El resultado es que en algunos de los barrios más pobres la mortalidad llegaba al 48 por mil, un índice tercermundista. Las epidemias de tifus y cólera se localizaban en estos edificios, que quedaban en cuarentena teórica
Pero, como dice Baroja, en aquellos tiempos, la pobreza y el hacinamiento eran un mal necesario, contemplado por la generalidad con pesadumbre y poco más. Situadas en barrios hoy céntricos y muy revalorizados, el Plan Especial de Protección de la Villa de Madrid atajó de raíz los deseos de los especuladores. «Pero la protección de edificios se complementa con la protección de sus habitantes; en caso contrario, no tiene sentido. Para lograr esto hay que estudiar el caso particular de cada vecino, casi hacer sociología, y esto nos exige buscar soluciones muy flexibles», afirma Enrique Bardají, gerente municipal de Urbanismo.
Ocho son las corralas restauradas o en trámite de hacerlo directamente por la Oficina de Barrios en Rehabilitación municipal; entre ellas, las muy conocidas de Miguel Servet y de Mesón de Paredes, con entradas por Sombrerete, 13, y Tribulete, 12, comprada en 25 millones de pesetas. La historia administrativa de esta última no es menos curiosa que la de sus vecinos: una sentencia del Tribunal Supremo reconocía su estado de ruina técnica, lo que implicaba la expulsión de sus habitantes, pero también resaltaba su carácter de monumento local, por lo que era obligado restaurarla. «El sueño de un propietario», afirman al unísono Carlos Soto y Francisco Pol, responsables directos de la oficina.
«Lo que queríamos era asegurar a los vecinos que permanecerían en sus casas de toda la vida, pero no en las mismas condiciones, las reflejadas por el costumbrismo facilón de Carlos Arniches y compañía. Se llegó al acuerdo con el propietario y se fijaron cantidades muy bajas de alquiler, que entrarán en vigor cuando el edificio esté ya rehabilitado. Algunos no pueden pagar ni siquiera alquileres bajos, y quedarán en precario; no pagarán nada mientras vivan, y luego el Ayuntamiento podrá disponer de la vivienda, lo que nos permitirá, en unos años, ofrecer casas decentes y baratas en el centro de Madrid, ideales para parejas jóvenes».
La picaresca es válida para todos. Soto y Pol se han encontrado con vecinos que tenían realquilada la vivienda y que, al mismo tiempo que pugnaban porque se reconociera su derecho a permanecer en ella, entablaban pleitos para expulsar a sus subarrendados, ahora que las expectativas son buenas. Otros han querido ocupar de nuevo pisos que habían abandonado, pero que conservaban gracias a su bajísimo alquiler.
(I) EL PAIS. Opinion. Sábado, 4 de mayo de 1985
Teoría del callejón del Gato
RELATO
ÁNGEL FERNÁNDEZ-SANTOS |
En el principio, Madrid era una aldea. En el final, es una aldea. En los tiempos en que los monos macacos -eslabón no perdido de autoridades, industriales del botijo y otros aristócratas del Callejón del Gato- podían circular por la piel de toro de rama en rama, como peludillos tarzanes ocres, sin tocar tierra desde Donosti a Tartessos, cuentan que uno de estos golfantes viajeros del espacio se detuvo a quitarse una cana en la entonces sin nombre colina de Lavapiés, y que el desvergonzado mico hizo de perfil una ofrenda a Onán, apoyado, como un milenio después sus descendientes en las farolas, en el tronquito de un magnolio. Un rey godo que pasó casualmente por allí, y cuya numeración no hace al caso, pues Madrid, como las prostitutas, perdió con la virginidad el rastro de su cumpleaños, vio la idílica escena, confundió al macaco con un oso, al magnolio con un madroño y dijo «Hágase Madrid». Y Madrid, sobre este desvergonzado equívoco, se hizo. En el comienzo, Madrid fue un error. En el final, sigue siendo un error. Comenzó a construirse la aldea por los tejados, costumbre todavía hoy proverbial en sus pobladores, y gracias a tal inversión del orden arquitectónico, sus dioses albañiles fueron atrapando debajo de casas, manzanas y barriadas, como los niños furtivos capturan grillos con tazones boca abajo, las más irónicas y oscuras realidades. El primero de estos contrasentidos es que la cosmópolis isidril, manzana con casi cuatro millones de bichos dentro, conserve todavía intacta la estructura de cebolla propia de la aldea primordial, y que esta, para escándalo de catalanes, celtas y euskaldunes, funcione como tal cosmópolis. Como se las arreglen sus habitantes para que así sea, es motivo de intrincados estudios, todos tan inútiles como atardeceres.
«Era la corrala un mundo en pequeño, agitado y febril, que bullía como una gusanera. Allí se trabajaba, se holgaba, se bebía, se ayunaba, se moría de hambre. Entre la cal y los ladrillos de las paredes asomaban, como huesos puestos al descubierto, largueros y travesaños, rodeados de tomizas resecas». La negra descripción de Pío Baroja sólo es válida a medias en estos tiempos. En Madrid existen aún unos 440 edificios de corrala, repartidos por el centro antiguo, Arganzuela, Tetuán, barrios periféricos destinados en el siglo XIX al proletariado. Salvo los escasos 40 que están ahora siendo rehabilitados directamente por el Ayuntamiento, o por los propietarios con subvenciones municipales, el resto sigue en las lamentables condiciones higiénicas y de solidez de construcción de las que hablaba Baroja. Lo que ha cambiado es una de sus características tradicionales: el hacinamiento. Las corralas son hoy cuerpos moribundos, que se desmoronan por la humedad de sus techos viejos y sus escaleras vencidas. Los hijos de la última generación, la de los años sesenta y setenta, cambiaron una forma de chabolismo vertical, magnificada bajo la categoría de arquitectura popular madrileña, por la uniformidad también vertical de los bloques de Parla o Fuenlabrada. Apenas quedan los que nacieron allí, los viejos que no tienen dinero para irse, pero que, de todas formas, están tan apegados a su casa, su barrio y sus recuerdos, que tampoco quieren hacerlo.
La segunda cosa que nadie entiende de Madrid es como vino a sentarse sobre los reales desperdicios del mono el llamado Estado Español, un leviatán tan de vía estrecha, que así le va desde entonces. Pero no es éste el único perturbado de la Península que se ha traído sus bártulos al reino del gato, sino que entre los habitantes de las innumerables Españas hay una secreta tendencia a odiar compulsivamente a Madrid, pero también a venirse un buen día y quedarse. Por ello, el padrón municipal de la aldea es su tercer contrasentido, este con forma peninsular, pues está atiborrado de nativos de todas partes menos de una, que es Madrid mismo, o misma, pues como el de los ángeles y el del mar no está claro su sexo.
Puede decirse que hay en Madrid al menos tantos murcianos como en Murcia, no menos toledanos que en Toledo y, desde luego, más vascos que en Donostia. Es más, matritólogos insignes, como el alicantino Carlos Arniches y el grancanario Pérez Galdós, consideran indispensable, para ser auténtico madrileño, serlo de afición antes que de nacimiento, de lo que se deduce que la capital de las patrias está poblada por apátridas, cuarto contrasentido que explica por qué en la nómina de estetas de la aldea son innecesarios inventores como Luis Buñuel, André Bretón o Salvador Dalí, pues para ser superrealista en Madrid basta con abrir los ojos y escribir en un papel lo que se ha visto. Francisco de Goya, madrileño de Zaragoza, se limitó a descubrir la fotografía sin máquina.
Ciertas peculiaridades geológicas, topos de norte imprevisible, movedizas dunas interiores y estratos de gruyere, hacen de Madrid una aldea sin sótanos. Es esta, al parecer, la causa que le ha impedido crecer hacia abajo, y lo que hace que el subsuelo psíquico e histórico de Madrid esté tan a flor de asfalto. Por ejemplo, lo que ahora se llama, con nomenclatura de golpe de Estado, la M-30, no es otra cosa que el sorprendente Arroyo del Albroñigal, corriente hidrográfica por la que jamás corrieron otras aguas que las de los orines de Chamartín y Manoteras. Bajo una cuarta de betún neoyorquino reposa el seco polvo aldeano fecundado por el padre macaco.
Esta cercanía del subsuelo al pellejo convierte a las ratas madrileñas en viandantes. Cuentan que en la cuesta del Salitre, unos metros antes de la esquina de Argumosa, una insolente familia de ratas sale en verano cada medianoche a tomar el fresco y armar bronca con los gatos del barrio. La tribu hace otoñada en Atocha e invernada en Tetuán. En Madrid, con inescrutable periodicidad, se producen fantasmales erupciones y su cáscara se puebla de éxodos subterráneos, ya sean de bichos noctámbulos tradicionales o de pandillas de insectos de nuevo cuño, que emergen de los vericuetos y laberintos de la aldea y luego se sumergen otra vez en su lunático lado oculto.
Dicen los cronistas que, en el remoto otoño de 1956, un déspota abolió de un plumazo la prostitución. Sin ley y sin casa, las golfas madrileñas siguieron la lógica de la aldea y se fueron todas de una vez al centro, a la plaza, como ratas camorristas en busca de gatos. En sólo unas horas, el católico cogollo se convirtió en una inmensa mancebía en forma de marabunta y procesión. Nadie se explicaba como podía haber, en la metrópoli de un bendito imperio sin colonias, a la chita callando y procedentes de las rojas esquinas del foro, tantísima puta.
Tras apocalípticas batidas, el déspota dio a las rameras pasaporte. Fue una caza de exterminio contra una especie de ratas multicolores que habían emergido de las alcantarillas morales de la aldea. Y así, desde la cara oculta del Callejón del Gato, junto a la esquina donde Ramón del Valle Inclán, madrileño de Pontevedra, descubrió que las superficies planas daban en Madrid imágenes cóncavas, comenzaron, sin planearse, los planes de desarrollo, con una exportación masiva de madrileñas descarriadas. Fue la única, grande y libre aportación de Madrid a la tienda de López Rodó.
Porque Madrid es, y ha sido siempre, roja. No en vano tiene montado sobre sus costillas al Estado, que nunca es de ese color. En los libros de historia, a los niños les cuentan, para que despierte su dormido asombro, las legendarias gestas de Numancia y Sagunto. Pero un día, estos niños se enteran de que Madrid estuvo, ayer mismo, cercada durante más tiempo que las dos anteriores aldeas juntas. Tres años de corral es algo que crea carácter, y Madrid sigue teniendo la honda cultura de los rebaños acosados por lobos. De ahí procede su capacidad de repliegue sobre sí misma, que es la sabiduría inmemorial de la aldea. Una honda aldea, que alberga en su seno -Madrid inventó la guerrilla urbana y la quinta columna- la libertad y la muerte de la libertad.
Nadie se explica igualmente cómo en una aldea enclavada en medio de mudos páramos castellanos se hable tanto y tan bien. La riqueza de la cultura oral madrileña proviene de cómo se las arregla para mantener su identidad en medio de ese eterno territorio hostil que, para el madrileño, es su aldea desde que la ocupó el Estado y la convirtió en metrópoli de sí misma. Los grandes lenguajes cómplices han sido inventados por subversivos adoquines madrileños encarcelados por alquitrán. El habla elíptica, que en Madrid adquiere registros magistrales -que el madrileño de Zamora Agustín García Calvo olfateó para sus hipérboles-, es obra de genios anónimos en el arte de la metáfora considerada en sentido primordial, es decir antes que como don poético como argucia de camuflaje, burla y transgresión.
Efectivamente, un madrileño puede, hablando en castellano retórico, decir a su acompañante en la cuerda de presos todo lo contrario de lo que entiende el gendarme que los vigila. Como Enrique Tierno Galván -madrileño de Soria y generador de ilustres exégetas en la compleja ciencia de la Tiernología, como es el caso del eminente tiernólogo Luis Carandell, madrileño de Barcelona- puede burlarse de su sombra escribiendo esotéricos y tronchantes bandos municipales, que son un asombroso ejercicio de talento en el arte madrileño por excelencia, que es la incredulidad, ese elegante cultivo de las formas escépticas propio de quien está estragado de contenidos. Escribir prosaicas leyes, paternales consejos y eclesiásticas admoniciones en un lenguaje que envidiaría el verdinegro Quevedo, madrileño, por excepción, de Madrid, es un lujo de gato y un ejemplo de como la cultura resistencial es una segunda naturaleza, que hace penetrar a la aldea en las nobles leyes que gobiernan el universo. Así lo intuyó el madrileño de Illinois Ernest Hemingway en su cuento y loa a La capital del mundo.
Estalla hoy de vida la enorme y loca aldea hostigada. Le cubren periódicamente con una capa de cemento de mazmorra, pero el polvo aldeano encarcelado aprieta como un acné hacia fuera, hace grietas y por las ranurillas mana. Como brotan fuegos fatuos de entre los poros del tartán de Vallehermoso, donde atletas madrileños nacidos quién sabe dónde siguen sin romper ni una sola marca, tal vez hechizados por las almas en pena de los esqueletos que reposan bajo sus brincos, pues, cosa muy madrileña, alguien ordenó levantar un estadio, un templo al esfuerzo, sobre ese monumento a la gandulería que es el solar del cementerio donde dicen que Pío Baroja, madrileño de Guipúzcoa, solía acudir para alegrar el ánimo.
Allí donde la colina de Diego de León se convierte en Guindalera, hubo un pequeño y destartalado chalé, con un jardincito abandonado en cuyo centro había crecido un magnolio. En los germinales años 60 ocurrieron en él extraños y novelescos sucesos, pues el chaletito se convirtió en lugar de horror y de picadero de la clandestinidad antifranquista. Casi todos los rojos madrileños de aquel tiempo pasaron allí heladas noches con su miedo a cuestas. Un día, la policía lo rodeó y el chalefito se sumergió para siempre en el lado oculto de la luna aldeana. Luego lo derrumbaron y construyeron un moderno edificio de seis plantas, pero hoy, si se entra en los bajos y se suspira junto a los muros, huele todavía a aldea universal, a sudor frío, a tiempo perdido, a semilla humana, a magnolio.
(I) EL PAIS. Madrid. Jueves, 13 de junio de 1985
José Latorre
BREVES
EL PAIS | Madrid
José Latorre, de 25 años, con antecedentes policiales por delitos contra la propiedad, fue gravemente herido por arma blanca en la madrugada de ayer, en el barrio de Lavapiés al resistirse a que tres individuos le robaran el dinero.
(I) EL PAIS. Madrid. Miércoles, 19 de junio de 1985
Obras en Agustín Lara
BREVES
EL PAIS | Madrid
Las obras correspondientes a unos evacuatorios públicos, un almacén y vestuarios para los artistas que actúan en La Corrala del Mesón de Paredes durante las campañas de verano se iniciaron la semana pasada en la plaza de Agustín Lara.
(I) EL PAIS. Madrid. Miércoles, 17 de julio de 1985
Un gran centro de artesanos ocupará el antiguo mercado de pescados
MAITE NIETO | Madrid
El edificio que hasta 1981 fue mercado central de pescados, situado en la Puerta de Toledo, se convertirá a finales del próximo año en una moderna instalación que acogerá un centro de artesanía y antigüedades. La reconversión del inmueble aspira a dotar a Madrid de un nuevo punto de interés turístico y comercial a la ya tradicional zona madrileña de San Francisco el Grande.
Las cajas de madera amontonadas unas sobre otras y el penetrante olor a pescado característico del lugar durante muchos años, se verán sustituidos por la asepsia de los establecimientos de exposición y venta de artesanía y antigüedades que ocuparán los 10.117 metros cuadrados del edificio destinados a uso comercial.
El cambio se producirá gracias a la perseverancia de la Fundación Amigos de Madrid, de la que es presidente el alcalde de la ciudad, Enrique Tierno, que desde hace más de un año ha mantenido contactos con las instituciones oficiales para conseguir la recuperación del antiguo mercado y convertirlo en un centro aglutinante de dos sectores comerciales dispersos como son los artesanos y los anticuarios. La semana pasada el Gobierno regional y el Ayuntamiento de la ciudad firmaron un convenio por el que se creó una empresa, cuyo capital mayoritario será público, denominada Mercado Puerta de Toledo, SA, que se encargará de la gestión del nuevo centro artesanal de la ciudad.
El concejal responsable del área de Abastos y Mercados, Adolfo Pastor, ha declarado que «el proyecto es atrayente desde el punto de vista industrial y comercial porque reunirá a dos sectores que existen pero están muy dispersos y también atractivo para el turismo que llega a la ciudad». El centro artesanal reunirá a más de 100 anticuarios y artesanos en una de las zonas de Madrid donde estas actividades son más comunes «Con el nuevo centro», dice Pastor, «se estabilizará un circuito que une los establecimientos del sector situados en el Rastro y los que se encuentran distribuidos por las calles del viejo Madrid».
La primera planta del edificio se destinará a servicios comunes como bancos, cines y restaurantes Los artesanos ocuparán el segundo, mientras las tiendas de antigüedades y. los orfebres estarán situados en el tercer piso. Según Adolfo Pastor, los profesionales que alquilen establecimientos en el centro deberán ofrecer productos de calidad y poseer una economía fuerte, ya que el precio de los locales, unas 2.000 pesetas mensuales por metro cuadrado, no puede ser afrontado por los trabajadores de pequeños talleres artesanales.
Las obras de rehabilitación, cuyo presupuesto supera los 850 millones de pesetas, se iniciarán el próximo mes de octubre y su finalización está prevista para finales de 1986. La financiación del proyecto correrá a cargo del Instituto Madrileño de Desarrollo (IMA DE), que depende de la Comunidad de Madrid. El Ayuntamiento, por su parte, construirá un aparca miento de 260 plazas, que estará comunicado con el edificio central.
(I) EL PAIS. Madrid. Sábado, 3 de agosto de 1985
Tony Leblanc, pregonero de las fiestas de San Cayetano, San Lorenzo y la Paloma
EL PAIS | Madrid
El actor Tony Leblanc será el pregonero de las fiestas de San Cayetano, San Lorenzo y la Paloma, que se celebrarán en el distrito Centro del 4 al 15 de agosto, según informó ayer el Ayuntamiento. Enrique Tierno asistirá a la inauguración de los tradicionales festejos, que se efectuará el día 5, a las 21.30 horas, en la Ribera de Curtidores. Es allí donde Tony Leblanc leerá su pregón.
Aunque la inauguración oficial de las fiestas es el próximo lunes, en la mañana del domingo se celebrará una carrera popular por el casco antiguo, cuya salida está prevista para las 10.30 horas. El premio concedido será el trofeo de San Lorenzo, que este año celebra su cuarta edición.
El recorrido previsto es de 10 kilómetros a través de las calles Argumosa, Embajadores, Acacias, Virgen del Puerto, Mayor, Bailén, Puerta del Sol y Ribera de Curtidores. Se recomienda a los automovilistas que con motivo de esta competición eviten transitar por el centro.
Durante los próximos días bailes y verbenas populares tendrán como escenarios las calles y plazas de Argumosa, Cascorro, Vistillas, Salitre, Sombrerería, Campillo Nuevo y la corrala de Miguel Servet. Cada santo tendrá su baile, y así el de la calle Argumosa estará dedicado a san Lorenzo, el de la plaza de Cascorro a san Cayetano, y el de los solares de la Paloma a la patrona de Madrid.
Dentro del programa de festejos, el auditorio del parque de Cabestreros albergará actuaciones musicales de Los Chunguitos, Radio Futura, Joaquín Sabina, Tete Montoliú, Tino Casal, Burning, Milladoiro, así como un festival flamenco.
Concursos de chotis y pasodobles se celebrarán durante varias noches consecutivas en la Gran Vía de San Francisco.
El Ayuntamiento de Madrid solicita a los participantes en estos concursos que vayan vestidos con los trajes castizos que manda la tradición. Juegos infantiles y actuaciones teatrales y guiñolescas se ofrecerán durante las mañanas en las calles y plazas del casco antiguo.
(I) EL PAIS. Madrid. Martes, 6 de agosto de 1985
Tony Leblanc abre las fiestas de la Paloma con un poema dedicado a la Virgen
EL PAIS | Madrid
Un pregón en verso en honor de la Virgen de la Paloma, leído por el actor Tony Leblanc, de 63 años, fue el primer acto de las fiestas de San Lorenzo, San Cayetano y la Paloma, que se celebrarán en el distrito Centro hasta el próximo día 15. El actor, que se trasladó en calesa desde la plaza Mayor al edificio municipal de la Ribera de Curtidores, 2, se mostró emocionado cuando el público que esperaba al pregonero le saludó en medio de gritos de «¡Viva Tony!», y cuando el alcalde Enrique Tierno le presentó desde el baldón principal como «un pregonero excepcional que ama Madrid». Leblanc agredeció el hecho de que una personalidad como el alcalde se ocupe de su «modesta persona». Tras recordar los orígenes de la Virgen de la Paloma y comentar que él había sido bautizado en la iglesia de San Lorenzo, el actor recitó un poema, durante cuya lectura tuvo que ser sujetado varias veces para no caer, pues había soltado las muletas que usa mientras se recupera aún del grave accidente de tráfico que sufrió hace dos años.
Tierno manifestó que el Centro es un distrito castizo y representante de la historia de la capital. «Ustedes representan lo que es Madrid. Son ustedes los que han provocado la movida madrileña».
Dentro del programa de fiestas, que tiene un presupuesto de 10 millones de pesetas, se incluyen las actuaciones musicales, en el auditorio del parque de Cabestreros, de Los Chunguitos, Radio Futura, Burning, Joaquín Sabina, Tino Casal, Milladoiro, Tete Montoliú, asi como un festival flamenco. Se celebrarán también bailes y verbenas populares a partir de las 22 horas en las calles y plazas de Argumosa, Cascorro, Vistillas, Salitre, Sombrerería y la corrala de Miguel Servet.
(I) EL PAIS. Madrid. Viernes, 9 de agosto de 1985
La participación popular en las fiestas de la Paloma desborda el auditorio de Cabestreros
Se estudia el cierre temporal de la gran vía de San Francisco para futuros festejos
EL PAIS | Madrid
El aforo del auditorio del parque de Cabestreros ha sido desbordado por el público asistente a las actuaciones musicales celebradas en él con motivo de las fiestas del distrito Centro, de Madrid, en honor de san Cayetano, san Lorenzo y la Virgen de la Paloma. El presidente de la Junta Municipal de Centro, Miguel Lara, a la vista de «este auge de la demanda del público», ha pensado en la posibilidad de utilizar como auditorio, para años próximos, alguna calle, como, por ejemplo, la gran vía de San Francisco. Unas 10.000 personas acudieron el miércoles por la noche a oír a Radio Futura en el auditorio del parque de Cabestreros, y un número similar fue el día anterior para divertirse con Los Chunguitos. «Como alguien pegue un estornudo, se arma el taco», dice Miguel Lara que comentó uno de los policías municipales de servicio en el auditorio ante la masiva afluencia de público. «Se nos ha quedado pequeño el traje», añadió Lara, en tono que evidenciaba su satisfacción por «la gran participación popular en las fiestas».
La participación popular en estas fiestas no se ha volcado sólo en los actos laicos, sino también en los religiosos. Una multitud que abarrotaba las calles ocupó el trayecto de la procesión de San Cayetano durante la tarde del miércoles. Siguiendo la tradición, los portadores de la imagen tuvieron que aguantar el envite de los devotos que querían conservar alguna flor de las andas, y en pocos minutos quedó el santo desprovisto de flores, aunque, a modo de compensación, se le envolvió en «¡vivas!» y aplausos, tras lo que fue recogido finalmente en la iglesia.
El programa de las fiestas, que finalizan el próximo día 15, incluye para hoy la continuación de verbenas y actuaciones musicales, y la elección de Maja y Chulo infantiles en la Peña de la Simpatía, así como concurso de chotis y pasodobles y elección de la Maja de Lavapiés en la corrala de Miguel Servet. Mañana se celebrará la procesión de San Lorenzo, y por la noche habrá diversas verbenas y actuaciones musicales.
(I) EL PAIS. Madrid. Domingo, 11 de agosto de 1985
Lavapiés festejó ayer a su patrón, san Lorenzo, con una procesión y actuaciones musicales
EL PAIS | Madrid
Lavapiés, el barrio más castizo de Madrid, cuna de los manolos, celebró ayer la fiesta de su patrón, san Lorenzo, un mártir cristiano del siglo III. Según explicó a Efe el párroco de la iglesia de san Lorenzo, José Luis Domínguez, «el apelativo de manolo nació aquí, en Lavapiés. Su origen se remonta al tiempo de los Reyes Católicos, cuando los judíos conversos bautizaban a su primogénito con en nombre de Manuel, como manifestación de su nueva fe». La iglesia actual de san Lorenzo data de 1950, aunque el templo primitivo se edificó en 1670, sobre el solar de la antigua sinagoga, ya que en Lavapiés se encontraba situada la judería de Madrid. La vida de la parroquia de san Lorenzo, de donde a las siete de la tarde de ayer salió la procesión del patrón, está íntimamente ligada al lunes, manifestó a la citada agencia informativa el párroco.
«Las campanas», dijo José Luis Domínguez, «sonaron para su inauguración el lunes 8 de septiembre de 1670. La iglesia se quemó un lunes de junio de 1851, volvió a arder otro lunes de 1936 y, finalmente, el nuevo edificio se inauguró un lunes de 1950».
La imagen que ayer fue paseada en procesión por las calles y plazas de Doctor Piga, Argumosa, Lavapiés, Ave María, San Carlos y de la Fe proviene de la antigua sacramental de san Lorenzo y tiene casi dos metros de altura. En nuestros tiempos, informó el sacerdote citado, ya no es cierto el dicho castizo de que «no se puede repicar y estar en la procesión, salvo en la de san Lorenzo». Antes sí, porque los devotos sacaban en andas una reproducción en cartón piedra de la torre de la iglesia, con dos carrillones que hacían sonar al tiempo que andaban.
Pese a que ayer fue el día grande de las fiestas de Lavapiés, las actuaciones musicales continúan durante los próximos días. En el auditorio de la calle de Cabestreros actúa a partir de las 22.30 horas Tino Casal. Mañana, en el mismo lugar y con idéntico horario, podrá verse y escucharse a Tete Montoliú.
(I) EL PAIS. Madrid. Domingo, 11 de agosto de 1985
Tierno inaugura una nueva zona de peatones
EL PAIS | Madrid
Enrique Tierno inauguró en la noche del pasado viernes la plaza del Campillo de Manuela, situada en la convergencia de las calles Ave María y Lavapiés. Tras el acto, el alcalde de Madrid recorrió en calesa los lugares donde se están desarrollando las fiestas de San Cayetano, San Lorenzo y la Paloma. Le acompañó en tan castizo viaje el concejal del distrito Centro, Miguel Lara. La plaza inaugurada por Tierno es la adaptación de una zona dedicada a la circulación rodada a uso exclusivo de peatones. Su superficie es de 600 metros cuadrados. La plaza ya cuenta con bancos, y el Ayuntamiento promete que en otoño se plantarán árboles.
En la misma operación se han ensanchado las aceras de la calle Lavapiés y se han colocado pivotes para evitar el aparcamiento de vehículos.
(I) EL PAIS. Madrid. Lunes, 12 de agosto de 1985
3.000 puestos de venta configurarán la próxima reorganización del Rastro
La comisaría de Policía se trasladará a la ronda de Toledo
JESÚS DE LAS HERAS | Madrid
La última fase de negociaciones para la reorganización del Rastro entre el Ayuntamiento de Madrid y los vendedores afectados se desarrollará en el próximo mes de septiembre, ha informado Miguel Lara, presidente de la Junta Municipal de Centro. Unos 3.000 puestos de venta en la calle configurarán el conjunto del popular mercado, cuyos nuevos límites restan por diseñar. La comisaría de policía se trasladará a la ronda de Toledo para evitar los bloqueos que actualmente padece su acceso en la Ribera de Curtidores durante los domingos y festivos.
La materialización de la reestructuración del Rastro se producirá provisionalmente en diciembre y de forma definitiva en la primavera próxima, según prevé el presidente de la junta municipal de Centro, Miguel Lara. El control de la venta callejera en este mercado se hará con técnicas informáticas, al igual que el de la venta ambulante en Madrid. Este programa ha incidido parcialmente en el retraso en dicha reordenación -cuyo proyecto lo abordó el Ayuntamiento de Madrid a principios de 1984-, según ha explicado Lara. Otra de las razones del retraso es la dificultad de llegar a un acuerdo sobre los límites del Rastro entre los responsables municipales y los vendedores afectados por la reforma. «El punto de principal fricción es la cabecera del Rastro, la plaza de Cascorro», indica Lara.
Según un estudio encargado por el Ayuntamiento de Madrid a Protección Civil, en esa plaza no debería haber puestos de venta por razones de seguridad. Sin embargo, adoptar una medida tan drástica como la prohibición de puestos en esa plaza resultaba imposible frente a la realidad y se hizo un estudio de permisión de un número máximo de puestos que ha sido fijado en 400, cifra que aún es considerada insuficiente por los vendedores.
Paralelamente a la actuación municipal, el Ministerio del Interior ha decidido el traslado de la actual comisaría de policía situada en la calle de Ribera de Curtidores a la ronda dé Toledo. La comisaría se instalará en el edificio de un viejo hotel, cerrado desde hace varios años, que ha sido comprado por la Administración.
Con este cambio, las citadas dependencias policiales ganarán en espacio, pero, sobre todo, dejarán de estar bloqueadas durante los domingos y festivos por la masa de gente y puestos de venta que se acumulan en la actualidadante su puerta.
La base de las negociaciones que habrán de mantenerse en septiembre para la reorganización del Rastro es un doble trabajo de encuesta sobre los puestos existentes, los que teóricamente debe haber y su conjugación con los espacios libres para garantizar la seguridad en la zona ante una posible ernergencia.
Se han realizado dos encuestas, una por cuestionan o repartido entre los vendedores y otra elaborada como trabajo de campo, «puesto por puesto y con el control de representantes de los propios vendedores», señala el concejal. «La realidad», añade, «es que en el Rastro vienen funcionando habitualmente unos 3.000 puestos, y no 5.000 como se ha dicho alegremente, inflando la cifra. Y esos 3.000 podrán seguir teniendo sitio con un reparto racional del espacio».
«Esta discusión será la recta final para la reordenación definitiva», dice Lara, «que se podrá notar en diciembre y que deberá quedar terminada en la primavera próxima».
Tres de las zonas principales del Rastro -Campillo Pueblo Nuevo, Ribera de Curtidores y plaza del General Vara de Rey- van a acusar cambios notables. En Campillo Pueblo Nuevo se pretende que el espacio de arena quede libre para ser ajardinado, en Ribera de Curtidores se habilitarán carriles de acceso para vehículos de emergencia y en la plaza del General Vara de Rey -donde actualmente está prohibida la venta en días laborables- se abrirá la venta libre en domingos y se regulará la venta en laborables, «de forma que lospuestos de venta guarden una estética con el ambiente ajardinado, que va a tener esta plaza», precisa Miguel Lara.
La frontera del Gasómetro
El Rastro, por el sur, acaba en la ronda de Toledo. El Ayuntamiento quiere darle al mercado en esta calle más potencia y agilidad, para lo que, probablemente, se cortará el tráfico durante los domingos y festivos por la mañana y se diseñará un nuevo reparto del espacio. La otra orilla de esta zona, donde el Rastro aparentemente -o en realidad- se extiende, «no es ya el Rastro», apunta Lara, «sino un mercado distinto, perteneciente al distrito de Arganzuela, que va a ser necesario reformar».
La potenciación del Rastro en la ronda de Toledo exigirá desviar la circulación por el paseo de las Acacias, donde actualmente prolifera la venta de coches usados. Entre éstas se extiende ese mercadillo del Gasómetro, donde abunda el juego prohibido de las triles.
Según Miguel Lara, se erradicarán tanto los juegos prohibidos como la venta de alimentos sin control. «Los vendedores portarán una tarjeta específica que podrá ser requerida por la policía, de manera que este control impida ese tipo de ventas o actividades que implican serios riesgos sanitarios y de estafa».
(I) EL PAIS. Madrid. Lunes, 12 de agosto de 1985
‘La Paloma’
TRIBUNA
MONCHO ALPUENTE | Madrid
Ésta de la Paloma es, sin duda, la más castiza advocación de la Virgen para los madrileños, pese a su relativa modernidad, y es que los nativos de la Villa, amigos de novelerías y encantamientos, no pueden resistirse al encanto de estas imágenes que un día aparecen en un vertedero y se hacen entronizar en su hornacina a petición propia. A espaldas del palacio de Oriente, junto a la carrera de San Francisco, tiene su cuna la leyenda y su marco la verbena. La calle de la Paloma es corta y angosta, pero caben en ella una cerería, una fábrica de patatas fritas, varias tabernas y un, café moderno.
En el mes de agosto, bajo las bombillas multicolores y los gallardetes de papel, las vecinas cambian su mesa camilla por el portal y se instalan en la acera hasta la madrugada, alrededor del gran barreño de sangría o limoná.
Un catador entusiasta puede probar aquí, en una sola manzana, hasta 12 variedades de sangría, elaboradas con fervor artesano y removidas con sabiduría.
En un rincón impensable caben tiovivos, norias, churrerías y barracas.
Los churros se expenden todavía engarzados en el clásico junco, y los pinchos morunos, en agujas de hacer punto.
Si todas las verbenas de Madrid tienen labor a pueblo, a estas que unen a san Cayetano, san Lorenzo y la Paloma, aún mucho más; los zaguanes se muestran engalanados con cadenetas y farolillos, bullen los organillos en todas las esquinas y en las cicatrices de solares y descampados se improvisan quermeses para el baile.
No tienen estas verbenas una gran plaza que unifique el tinglado; son verbenas descentralizadas que aparecen y desaparecen en plazuelas y rincones, que tapan las calles y abren las puertas de los patios y las corralas.
Hasta las herméticas güisquerías descorren sus cortinas y sacan a la fresca sus existencias; combinando el mantón de Manila con la minifalda, las pupilas de la casa se olvidan por un día de sombríos reservados y sospechosos descorches para bailar el chotis sin complejos ni tarifas.
Si abundan los mantones y las gorras de cuadros no es porque el alcalde, que estuvo por aquí inaugurando un farola, lo haya recomendado, sino porque los indígenas de la zona tienen a gala ser la reserva más castiza de la urbe y quizá la única que sobrevive a los rigores de agosto sin abandonar sus enclaves.
El toque cosmopolita lo pone la discoteca Okume, reducto de la africanidad madrileña, donde se pueden escuchar los últimos hits del funky nigeriano; en la discoteca Okume, para honrar a la patrona del barrio se organizan estos días concursos de break-dance, y el único empleado blanco de la casa monta guardia en los umbrales vestido de esmoquin.
Los rockeros de base tienen también sus ritos en el cercano parque de Cabestreros, al otro lado del Rastro, con figuras autóctonas como el Ramoncín de Vallecas y los Burning de la Elipa, aunque por aquí se sustituya con frecuencia la sangría por la no menos típica litrona de cerveza.
En la quermés de Cabestreros el cheli se funde con el lenguaje más castizo para crear una de las jergas más ricas y flexibles de Europa, de esa Europa de la que Madrid es capital, en cuanto a alegría y divertimento se refiere, como dan fe los innumerables bares que permanencen abiertos hasta el amanecer.
(I) EL PAIS. Madrid. Martes, 13 de agosto de 1985
Polémica elección de la Casta, la Susana y don Hilarión
EL PAIS | Madrid
Rocío Alvarez; su madre, Mónica Ramos, y Alfredo Pobo fueron elegidos ayer la Casta, la Susana y don Hilarión 1985 en la verbena de las Vistillas, en medio de las protestas de una parte del público y de algunas de las concursantes. Al final del acto, al que asistió el alcalde, Enrique Tierno, algunas concursantes protestaron por lo que consideraban un fallo de la organización, pues no entendían cómo después de la eliminatoria que se realizó el domingo en la verbena de la carrera de San Francisco se podían presentar nuevas participantes por libre, algunas ya descalificadas en la fase previa. Casi hubo escenas de La Verbena de la Paloma entre las participantes, mientras las cuatro damas, con una banda de honor -palabra a la que les faltaba la h- envidiaban a las ganadoras, que recibirán unos mantones de Manila muy valiosos regalados por unos anticuarios del distrito.
(I) EL PAIS. Madrid. Jueves, 15 de agosto de 1985
Un millón de personas festeja a la Paloma
PEDRO MONTOLIÚ | Madrid
La Junta Municipal de Centro espera que se alcance una cifra cercana al millón de participantes cuando, a las doce de esta noche, los fuegos artificiales de las Vistillas pongan el broche final a las fiestas de San Cayetano, San Lorenzo y la Paloma, que han durado 12 días. En esta cifra se incluye la previsión de asistentes para hoy al acto más importante de la programación: la procesión de la Paloma. En opinión de la comisión de festejos el presupuesto de 15 millones ha resultado corto y los distintos escenarios de las fiestas han resultado insuficientes.
La Paloma saldrá hoy, a las 19.30 horas, de la iglesia situada en la calle del mismo nombre para, como es tradicional, recorrer las calles del centro de la ciudad en medio de gritos de «guapa, guapa» y otros piropos. La procesión, que pasará por la gran vía de San Francisco, la calle de Toledo, la plaza de la Cebada, la carrera de San Francisco y la calle de Calatrava, para llegar de nuevo al templo, contará con la participación de un escuadrón de la Policía Municipal otro de escolta a pie del mismo cuerpo y la banda de música del Cuerpo de Bomberos de Málaga invitada por los bomberos madrileños, para los que la Paloma es su madrina. Tras la procesión se celebrara un baile castizo en el campo de fútbol de la carrera de San Francisco, una verbena en la explanada de la Paloma y otra en las Vistillas antes de que se clausure las fiestas con fuegos artificiales.
«Creo que todavía no se ha alcanzado el nivel que nos hemos propuesto para la Paloma. Estas fiestas, que son las que cuentan con mayor simpatía, hay que mantenerlas e incrementarlas desde su aspecto popular, pero sin olvidar el mantenimiento de un alto nivel de cultura», manifestó, Enrique Tierno el pasado lunes, después de asistir al recital del ofrecido por Tete Montoliú. Ésta fue una de las actuaciones incluidas en un programa de festejos que ha contado con un total de 30 bailes amenizado con orquestas e intérpretes, 14 actuaciones -entre ellas las de los Burning, Los Chunguitos, Tino Casal, Jazz Ciudad Quarter, Milladoiro, Joaquín Sabina y Radio Futura-, campeonatos de mus y pruebas deportivas.
Fiestas descentralizadas
Por otra parte, el concejal del distrito de Centro, Miguel Lara manifestó: «Este año ha quedado claro que las fiestas son las más significativas de Madrid, haciendo una clara diferencia con las de San Isidro, que son las grandes fiestas de la capital. San Cayetano, San Lorenzo y la Paloma son las más populares, las que más han arraigado y han creado una tradición. Están clavadas en la conciencia colectiva de estos barrios, y no hay más que ver el interés con que se participa en la elección de la Maja de Lavapiés o de la Casta y la Susana para ver que es algo más que un simple concurso». Lara no ocultó que se ha planteado un problema que fue calificado de serio. «Los recintos de las fiestas, como el auditorio de Cabestreros, han resultado desbordados. Si se tiene en cuenta que éste es un distrito con una falta importante de espacio público, no queda más remedio que sacar las actuaciones a la calle».
La solución, según Lara, consiste en mantener y aun aumentar algo la descentralización de los recintos donde se celebran las fiestas y disminuir la importancia de las actuaciones en Cabestreros y las Vistillas para adecuarlas a su capacidad. «Esta descentralización se completaría con un corto número de actuaciones importantes en la calle porque no creo que el presupuesto diera para muchas», dijo Lara. Por ejemplo, ya se han iniciado gestiones para que en la próxima edición actúe Miguel Ríos en un escenario que se podría instalar delante de la iglesia de San Francisco el Grande.
Recuperar el casticismo
Serafin Reboul, secretario de la Asociación de Castizos Madrileños y miembro de la comisión de festejos en esta edición, aseguró que, entre los objetivos, de esta entidad figura «la recuperación del casticismo que se estaba perdiendo», La asociación, que está integrada por un 70% de madrileños de Madrid, fue legalizada en septiembre del pasado año y cuenta con 357 miembros. Los socios castizos han organizado una verbena diaria, bien regada con limoná. Vestidos, como manda la ocasión, con el traje típico de chulapos, los socios de esta peña (que va a cambiar sus estatutos en octubre para poder atender así a la treintena de solicitudes de socios que tienen entre 1 y 18 años) han bailado chotis sobre ladrillo y de salón, han concursado para demostrar quién bailaba mejor el pasodoble y han puesto a prueba a los que presumían de darle fetén a la manivela del organillo.
«Íbamos a las verbenas y veíamos que el casticismo iba para abajo, por eso decidimos crear esta asociación», dijo el secretario, Serafín Reboul, madrileño al igual que un 70% de los socios. «A los que no son de aquí les pedimos que hayan vivido en Madrid un mínimo de 10 años, tiempo que creemos que es suficiente para conocer Madrid y sentirlo», añadió.
Entre los proyectos de la asociación figura la creación de un taller-escuela de organilleros, de un grupo de goyescas, abrir un taller de modistillas y dar clases gratuitas de bailes regionales. A ello quieren sumar exposiciones de pintura, certámenes poéticos y otras expresiones artísticas. «No estamos en contra de otras manifestaciones, pero si hay que realzar e impulsar una cultura, es la de Madrid», declaró Reboul.
(I) EL PAIS. Madrid. Viernes, 16 de agosto de 1985
Devoción ante la Paloma
EL PAIS | Madrid
Miles de madrileños se congregaron en la tarde de ayer en las zonas adyacentes a la calle de Toledo, recorridas por la procesión de la Paloma, que salió a las 19.30 horas de la iglesia de San Pedro el Real, en la calle de la Paloma. La procesión fue el momento culminante de las fiestas de San Cayetano, San Lorenzo y la Paloma, que acabaron anoche con unos fuegos artificiales en Las Vistillas después de doce días de actividades y festejos. En esta edición, los bomberos de Málaga fueron los encargados de desplegar una escalerilla de ocho metros para descender el lienzo de la virgen.
(I) EL PAIS. Madrid. Sábado, 19 de octubre de 1985
Un muchacho de 14 años muere tras inhalar cola en una bolsa de plástico
EL PAIS | Madrid
Javier P. M., de 14 años, falleció ayer en una vivienda de la calle de Encomienda, en el distrito de Arganzuela, después de que hubiera inhalado cola de contacto, según informó la Jefatura Superior de Policía. El muchacho, según informó uno de sus amigos con los que Javier acostumbraba a jugar al fútbol en la calle, repetía este año 1º de Bachillerato Unificado Polivalente en un instituto del barrio y no había hecho nunca comentarios sobre esta forma de drogadicción. Según los datos obtenidos por la Policía, el muchacho se encerró en el cuarto de baño de la casa de un vecino de la misma calle donde, según parece, metió un bote de cola de contacto en una bolsa de plástico y realizó varias inhalaciones. Aunque se desconoce el resultado de la autopsia, se cree que Javier sufrió un paro cardiaco. Ante la tardanza y el silencio del joven, el dueño del piso avisó al padre de Javier, quien tras forzar la puerta encontró a su hijo inconsciente y le practicó la respiración boca a boca.
Un coche patrulla de la Policía Municipal trasladó urgentemente al muchacho a la Casa de Socorro de Arganzuela, situada en la Ribera de Curtidores y muy cerca de la calle de Encomienda, pero aquel ingresó cadáver según confirmaron los facultativos de este establecimiento. Según sus amigos, Javier era un muchacho muy abierto, con muchos amigos, aunque mal estudiante.
(I) EL PAIS. Madrid. Domingo, 3 de noviembre de 1985
Intento de desalojo de jóvenes ocupantes de un inmueble abandonado
EL PAIS | Madrid
Agentes de la Policía Nacional intentaron ayer sin éxito desalojar a una veintena de jóvenes de un inmueble abandonado de dos plantas, en el barrio de Lavapiés, en Madrid. Los jóvenes penetraron el viernes en el local con la intención de convertirlo en centro cultural. La policía actuó, al parecer, tras la denuncia de un vecino, aunque este extremo no pudo ser confirmado. Los agentes forcejearon con los ocupantes pero éstos lograron atrancar la puerta. El edificio, ubicado en el número 83 de la calle del Amparo, en el distrito de Centro, fue hasta 1969 sede de un economato de empresas eléctricas. Los jóvenes penetraron mediante una escalera por una ventana del primer piso y distribuyeron panfletos entre el vecindario para despejar posibles temores. En las hojas explican que no son drogadictos y que su intención es recuperar para actividades de utilidad social un inmueble que se encuentra abandonado desde hace seis años. Según un portavoz del grupo, han efectuado comprobaciones en el registro de la propiedad urbana y no consta propietario de los locales.
Los jóvenes han declarado que contaban con la posibilidad de un desalojo policial, pero que esperan seguir en el inmueble y poder convertirlo en un centro de actividades sociales.
(I) EL PAIS. Madrid. Lunes, 4 de noviembre de 1985
Una veintena de jóvenes ocupa un edificio abandonado en Lavapiés y resiste a la policía
Su intención es «habilitarlo como centro cultural y juvenil»
EL PAIS | Madrid
El grupo de aproximadamente 20 jóvenes que ocupó el viernes por la mañana un inmueble abandonado de dos plantas en el número 83 e la calle del Amparo, en el barrio de Lavapiés (distrito de Centro), tiene la intención de «habilitarlo como un centro cultural y de actividades alternativas para la juventud», según ha declarado uno de sus miembros. Los jóvenes contaban desde el primer momento con la posibilidad de un desalojo policial, que estuvo a punto de producirse el sábado por la mañana, aunque lograron atrancar la puerta. La policía desistió para evitar un incidente de orden público. Pese al intento de desalojo, los ocupantes dicen que no pierden la esperanza de quedarse allí. El edificio ocupado, que se encuentra en buen estado de conservación a pesar de los escombros acumulados en su interior, albergó hasta 1969 un economato.
«Llevábamos bastante tiempo pensando en la posibilidad de aprovechar el edificio abandonado», señala Paz, una joven de unos 20 años, en nombre del grupo. «No formamos ningún tipo de asociación o colectivo», añade. «Somos un grupo de amigos. La mayoría vivimos en Lavapiés y tenemos ganas de hacer cosas.
Los jóvenes entraron el viernes en el inmueble forzando una ventana del primer piso. Jaime, otro de los miembros del grupo, justifica la ocupación así: «Después de intentar llegar a una solucion con la Concejalía de la Juventud, vimos que eran necesarios los consabidos trámites burocráticos que nunca conducen a nada». «Además», añade Jaime, «hemos comprobado que en el registro de la propiedad urbana no consta el dueño de este inmueble. Así que nos decidimos a ocupar el edificio. Hemos empezado a limpiar y hemos pensado en la forma de aprovechar el espacio, cuyas dimensiones permitirían incluso crear una sala de ensayos y conciertos para nuevos grupos musicales».
Mientras tanto, los vecinos de la angosta calle del Amparo, a espaldas de la ronda de Valencia y la glorieta de Embajadores, han reaccionado con sorpresa y cierta desconfianza. Los más jóvenes se han acercado con curiosidad hasta la puerta de entrada del antiguo economato para recoger unas fotocopias explicativas, amontonadas en un buzón en la fachada, flanqueado de carteles en los que se puede leer: «No somos drogadictos. La droga es producto de la falta de medios y del aburrimiento. Combátela y ayúdanos».
La Policía Nacional mantiene una vigilancia periódica. De cuando en cuando, la presencia de algunos agentes paseando por las inmediaciones del edificio siembra la inquietud entre los jóvenes.
(I) EL PAIS. Madrid. Martes, 5 de noviembre de 1985
Los jóvenes consideran «una oportunidad única» el aprovechamiento del inmueble abandonado en Lavapiés
La policía no procederá al desalojo mientras no exista una orden judicial
CARLOS FRESNEDA | Madrid
Tras cinco días de ocupación, son ya más de 30 los jóvenes reunidos permanentemente en el edificio abandonado de tres plantas de la calle del Amparo, 83, en el populoso barrio de Lavapiés (distrito de Centro). Casi acabadas las labores de desescombro, empiezan a pensar que tienen «una oportunidad única para crear un espacio cultural y alternativo, donde tengan cabida todo tipo de movidas». Mientras tanto, los vecinos reaccionan entre la desconfianza y la ayuda desinteresada. La policía, según fuentes de la Comunidad de Madrid, no piensa actuar mientras no se produzca una orden judicial.
Javier, el Pirata, se queja del tratamiento que les ha dado «una parte de la Prensa». A sus 20 años, Javier es consciente de que sus ropas oscuras, la cresta que recorre su cabeza semiafeitada y la cadena que pende de sus pantalones le delatan. «La gente», confiesa, «se deja llevar por mi aspecto y el de otros colegas que están en esta historia, y nos identifican con la droga y otros malos rollos». «No tenemos etiquetas», puntualiza José Luis, un joven que viste vaqueros y un impermeable azul. «Somos un grupo de gente heterogénea, entre los 16 y los 25 años, que venimos de distintas partes de Madrid, sobre todo de la periferia. El que entre nosotros haya punkies no quiere decir nada; son gente con las mismas ilusiones y ganas de hacer cosas».
Son las tres de la tarde, y después de una atartada mañana los jóvenes se reúnen a comer en una amplia sala de la planta baja del edificio. Cerca de la entrada se apiñan las maderas y escombros que han ido acumulando después de limpiar gran parte de las tres plantas de que consta el edificio, que hasta hace 15 años albergó un economato del servicio de abastos de industrias eléctricas.
Vigilar desde lejos
El comentario general en la tarde de ayer era la asamblea de las nueve de la noche: «Vamos a presentar un pequeño estudio de cómo se puede sacar provecho al edificio y a debatir otros asuntos generales, entre ellos el de cómo reaccionar en el caso de que la madera venga a desalojarnos». «Ya estuvieron aquí el viernes por la mañana», puntualiza José Luis, «después de la denuncia de un vecino. Pasamos unos momentos de tensión, pero no hubo forcejeos ni amagos de violencia. Nos pidieron los carnés a las 15 personas que estábamos en el interior del edificio y después se fueron. De cuando en cuando aparece una patrulla y nos vigila desde lejos». Fuentes de la Comunidad de Madrid señalaron ayer que no se procederá a desalojar la vivienda mientras no se produzca una orden judicial en este sentido. Por otra parte, fuentes municipales negaron que el Ayuntamiento haya sugerido al vecindario que adopten medidas de seguridad en locales vacíos. A sus 19 años, Félix está a punto de ir a la mili. «Sorteo dentro de dos días. ¡Ojalá salga excedente de cupo!». «Mi estética punkie«, confiesa, «me ha supuesto más de un problema, aunque me llevo muy bien con mis padres y vivo con ellos en San Cristóbal de los Ángeles». Félix mira ilusionado la amplia nave de más de 300 metros cuadrados y siete metros de altura en la planta baja. «Éste sería el lugar ideal para llevar a la práctica mis planes. Llevo mucho tiempo escribiendo guiones, ensayando con mi grupo de teatro y actuando ocasionalmente como extra en alguna película». El pasado viernes salí en el ún, dos, tres… con un grupo de colegas».
Félix, Jaime, Chono…, son unos de tantos que tocan en un grupo musical, pero que carecen de local para ensayar. Chono, de 18 años, toca «el bidón con una cadena» en el grupo Llenos de Rabia. «Sólo hacemos ruido», dice, «pero ruido bonito».
Tomás, que se incorporó ayer, afirma que ha venido «para ver si su experiencia puede ser de alguna utilidad». «Trabajé durante dos años en una cooperativa de jardineros pero todo se vino abajo por falta de apoyo institucional».
«Yo lo único que sé», comenta el propietario de un bar cercano al edificio, «es que cuando vienen aquí a tomar algo pagan normalmente». «Mire usted», añade un vecino, «conmigo no se meten; ellos me respetan a mí y yo les respeto. Más vale que aprovechen ese edificio si va a seguir abandonado. Están en su derecho».
(I) EL PAIS. Madrid. Domingo, 10 de noviembre de 1985
El edificio ocupado en Lavapiés se inaugura como centro cultural
A. C. | Madrid
Varios centenares de jóvenes presenciaron anoche las dos representaciones de La sopa boba en el inmueble ocupado hace 10 días por una veintena de muchachos en el número 83 de la calle del Amparo, en el barrio de Lavapiés (distrito Centro). La función de teatro experimental inauguró el edificio de tres plantas como centro cultural y de actividades alternativas para la juventud. A partir de mañana se realizarán en el centro exposiciones de fotografía, pintura y diseño cedidas por artistas desconocidos.
La representación, que se llevó a cabo en una sala de la planta baja, había sido preparada con un día de antelación por los integrantes de los grupos Gruñidos Salvajes y Desagüe. El espectáculo, improvisado en su mayor parte, fue una parodia sobre temas relacionados con la basura, la religión y el Ejército. Durante el desarrollo de la función un joven colgado de una polea lanzaba aire desde un extintor mientras dos actores, uno con una cámara de cine de cartón y otro con un micrófono, grababan en directo las impresiones de los asistentes. El público, integrado en su mayoría por jóvenes entre los que primaban las crestas y los maquillajes muy exagerados, asistió a la función con más estupor que atención, puesto que si no se estaba muy atento a los movimientos de los actores era bastante fácil recibir algún que otro empujón o pisotón. Al acabar la representación, que no duró más de 20 minutos, la gente abandonó sonriente el local. Algunos depositaron una aportación económica en un buzón y otros mostraron con su firma su apoyo a «la cultura alternativa, al margen de la cultura oficial».
Poco antes de que comenzara la segunda representación, los squatters -nombre que se da en algunos países industrializados a los grupos de jóvenes que ocupan viviendas vacías-, atrancaron con un madero la puerta metálica de lo que fue hasta 1969 un economato. «Ha llegado la madera«, gritó alguien. «Una patrulla de la policía», explicó un joven, llega de cuando en cuando y nos vigila desde lejos».
Los ocupantes temen ser desalojados en cualquier momento del edificio: «A pesar de que el delegado del Gobierno en Madrid ha dicho que no se nos echaría de aquí mientras no se produzca una orden judicial en este sentido».
Tras los primeros momentos de confusión creados por la presencia de la policía, los squatters abrieron la puerta del edificio, mientras desde la calle algunos vecinos de la zona contemplaban atónitos el espectáculo que se desarrollaba dentro del local.
(I) EL PAIS. Madrid. Martes, 12 de noviembre de 1985
La policía disuelve una manifestación de protesta por el desalojo forzoso del edificio ocupado en Lavapiés
Dos personas, entre ellas el presidente de las asociaciones de vecinos, trasladadas a comisaría
CARLOS FRESNEDA | Madrid
La Policía Nacional disolvió anoche una manifestación de entre 200 y 300 personas que protestaban por el desalojo del inmueble del número 83 de la calle del Amparo, en el barrio de Lavapiés, ocurrido a primera hora de la mañana de ayer. Entre las ocho de la tarde y las diez de la noche se produjeron diversos incidentes en Lavapiés, al intentar los manifestantes proseguir su protesta callejera y ser duramente reprimidos por los agentes. Dos personas, entre ellas el presidente de la Federación Regional de Asociaciones de Vecinos, Salvador Torrecillas, fueron trasladadas por poco tiempo a una comisaría, según fuentes de la entidad mencionada.
A las 8,30 horas de ayer, los 12 jóvenes que pernoctaban desde el pasado día 1 en el edificio, abandonado desde hace 15 años, fueron expulsados por la Policía Nacional y llevados a presencia del juez que había ordenado el desalojo. Félix Alfonso Guevara, titular del Juzgado de Instrucción número 24, justificó esta medida por la petición expresa del ministerio fiscal. El abogado de los jóvenes, Carlos Aguirre, calificó la actuación policial de «improcedente» y anunció la presentación de una denuncia «por posible detención ilegal y presuntos malos tratos». «Nos pillaron desprevenidos», contaba uno de los jóvenes desalojados. «Estábamos todos durmiendo en la segunda y tercera planta. De pronto oí un ruido estridente y apenas tuve tiempo de reaccionar. Entraron por una ventana. Nos empujaron y golpearon cruelmente y nos gritaron que bajásemos las escaleras. Una vez en la planta baja, nos registraron, tomaron nuestros datos y nos esposaron de dos en dos. En ningún momento nos mostraron la orden de desalojo ni nos dijeron cuáles eran nuestros derechos», señala.
«Como un mal sueño»
Poco después de las nueve de la mañana, los 12 jóvenes se hallaban en una sala de audiencia del séptimo piso del edificio de los Juzgados, en la plaza de Castilla. «Lo que más me chocó», comentaba uno de ellos, «es que nos dijeron que no estábamos detenidos, sino retenidos con objeto de prestar declaración judicial… Esto ha sido como un mal sueño; anoche me encontraba durmiendo tranquilamente y hoy estoy aquí, sin saber qué hacer». Uno a uno, los jóvenes fueron pasando, ante el juez. Por su parte, Félix Alfonso Guevara precisó que «en el auto que incluía la orden de desalojo se hacía alusión al abandono voluntario del edificio por parte de los ocupantes», y se negó a hacer comentario alguno sobre la acción policial. El juez añadió que el 1 de noviembre, fecha en que se produjo la ocupación, un particular presentó una denuncia en la comisaría del distrito de Mediodía en representación de la compañía Hidroeléctrica Española, SA, como propietaria del edificio. A las 13.30, los jóvenes abandonaron los Juzgados y regresaron a Lavapiés. Mientras tanto, un retén de la Policía Nacional vigilaba en la puerta del edificio abandonado, que fue precintado.
A partir de las ocho de la tarde, entre 200 y 300 personas, convocadas por la Federación Regional de Asociaciones de Vecinos, se manifestaron por las calles de Lavapiés. La Policía Nacional cargó con dureza contra los manifestantes. Algunas personas resultaron contusionadas y dos fueron llevadas a la comisaría de la calle Escuadra, entre ellas el presidente de la entidad citada, Salvador Torrecillas, que había intentado dialogar con los agentes. Al ser puestas en libertad, al cabo de poco tiempo, se les informó que «no habían estado detenidos, sino retenidos». Las asociaciones vecinales, declaró Torrecillas, son partidarias de la rehabilitación popular de edificios abandonados.
(I) EL PAIS. Madrid. Miércoles, 13 de noviembre de 1985
Violencia policial contra la protesta por el desalojo del edificio de Lavapiés
EL PAIS | Madrid
Escenas de violencia se repitieron en la noche de ayer cuando la policía procedió a disolver una manifestación, que convocó aproximadamente a 300 personas, en protesta por el desalojo de los jóvenes ocupantes del edificio de la calle del Amparo, 83, en Lavapiés. A última hora de ayer no se disponía de datos sobre posibles detenciones y heridos. El pasado lunes, dos personas fueron detenidas en otra manifestación convocada por la misma causa.
(I) EL PAIS. Madrid. Jueves, 14 de noviembre de 1985
Siete heridos en la carga policial contra una sentada por el desalojo de Lavapiés
EL PAIS | Madrid
Siete personas fueron asistidas de heridas diversas -ninguna de gravedad- en la noche del pasado martes en la Casa de Socorro de la calle de la Ribera de Curtidores, 2 (distrito de Arganzuela), como consecuencia de la carga de agentes de la Policía Nacional contra 300 personas que protestaban con una sentada callejera contra el desalojo del edificio de la calle del Amparo, 83, ocupado por una veintena de jóvenes el pasado día 1 de noviembre. Los heridos, de edades comprendidas entre 17 y 34 años, fueron asistidos de «contusiones, erosiones y hematomas», según informó ayer Manuel Mella, coordinador del área de Salud y Servicios Sociales del Ayuntamiento. Un portavoz de los manifestantes destacó la «violencia desmedida de la acción policial ante una protesta que estaba discurriendo pacíficamente». Un portavoz de la Jefatura Superior de Policía señaló que la actuación de la policía «se ajustó a lo normal en casos de manifestaciones no autorizadas».
Los jóvenes, agrupados bajo el nombre de Colectivo de Ocupantes de Casas Abandonadas (KOKA), han solicitado una entrevista con el alcalde, Enrique Tierno, y han comunicado con la antelación exigida por la ley al delegado del Gobierno, José María Rodríguez Colorado, que celebrarán una nueva manifestación el próximo viernes.
(I) EL PAIS. Opinion. Sábado, 16 de noviembre de 1985
Mientras escribo
CARTAS AL DIRECTOR
Gonzalo Abril | Madrid
Mientras escribo hombres uniformados de marrón llevan a cabo la otra ocupación de Lavapiés. Están hostigando, disolviendo y fotografiando a los grupos de jóvenes que coreaban consignas no violentas y protestaban pacíficamente tras haber sido desalojados del local ocupado en (atención al nombre de la calle) Amparo, 83. Paro sí, y desamparo, pero ninguna oportunidad para los jóvenes que sobreviven al fraude del cambio y a la renovada tentación nihilista. La propaganda gubernamental incita a la juventud a vivir la vida; drogas, para qué. Así que estos jóvenes de Lavapiés, que anunciaban en su local el repudio de la droga y el interés por las actividades constructivas y comunitarias, tienen también en su haber argumental la incoherencia y la hipocresía de quienes los reprimen. Mientras el culturalismo oficial se entrega a la apoteosis autocomplaciente, a la celebración póstuma y a los efectos especiales, la iniciativa creadora de los jóvenes pasa a la jurisdicción del orden público. ¡Y sólo reclaman espacio! ¿Qué ocurrirá si exigen también el tiempo que les ha confiscado la reorganización capistalista, tan decididamente pastoreada por el partido de los 800.000 cortes de manga?
Esa modernización que promocionan al unísono el Gobierno, las multinacionales y el Pentágono tiene parte de su precio en la marginación sine die de los jóvenes que son demasiados, y de los viejos, poco reciclables y malos consumidores (cada vez peores, con el recorte de las pensiones). Y no es sólo marginación económica y política, sino también cultural: ellos y otros grupos sociales (como los obreros industriales reconvertidos) son ya verdaderas minorías étnicas que tratan de defender sus modos de vida y de expresión frente al nuevo colonialismo de la eficiencia posindustrial. Sin gozar tan siquiera de la protección que el derecho internacional dispensa contra el etnocidio.
Sobre los costes culturales de la modernización no se ha explicado casi nada, pero es que un Gobierno cuyo presidente cifra la racionalidad de su política (por ejemplo, respecto a la permanencia en la OTAN) en el único hecho de que él mismo la considera razonable posee una capacidad explicativa tan larga como una porra reglamentaria de la policía.
Durante la segunda ocupación de Lavapiés, una mujer mayor y enlutada expresaba su solidaridad a un grupo de jóvenes desalojados que lucían hermosas crestas mohicanas. Era como cerrar filas en la reserva mientras Custer, el sable en un puño y la rosa en otro, ordenaba el asalto.
(I) EL PAIS. Madrid. Sábado, 16 de noviembre de 1985
Nuevo intento de ocupación
EL PAIS | Madrid
Una veintena de jóvenes intentó en la noche de ayer una nueva ocupación del edificio abandonado de la calle del Amparo, 83, en Lavapiés, al término de una manifestación de unas 400 personas, que recorrieron varias calles del barrio en protesta por el desalojo del pasado lunes. Después de forzar las puertas de entrada al edificio y tras unos momentos de confusión, los manifestantes, que insistieron en el carácter «no violento» de su protesta, se disolvieron ante la presencia de fuerzas antidisturbios de la Policía Nacional. Según testigos, al menos dos personas fueron detenidas.
(I) EL PAIS. Madrid. Miércoles, 20 de noviembre de 1985
La glorieta de Atocha, cerrada 20 días a vehículos particulares
EL PAIS | Madrid
El tráfico de vehículos particulares desde la glorieta de Carlos V hacia la Ronda de Atocha quedará cortado desde mañana a las 10 horas, durante unos 20 días, a causa de las obras de construcción del paso subterráneo que unirá el paseo de Infanta Isabel con la citada ronda. Los vehículos tendrán que desviarse desde la glorieta de Carlos V al paseo de Santa María de la Cabeza, Palos de la Frontera, Embajadores y glorieta de Embajadores. Otro recorrido alternativo es el que desde el paseo de Santa María de la Cabeza conduce por la glorieta del mismo nombre hasta la de Embajadores.
(I) EL PAIS. Madrid. Jueves, 21 de noviembre de 1985
El Ayutamiento adquiere tres edificios para rehabilitarlos
EL PAIS | Madrid
El Ayuntamiento de Madrid adquirió ayer tres viejos edificios en el casco antiguo de la capital, dentro del programa de rehabilitación pública de viviendas. Éstos inmuebles completan la compra de 16 durante el presente año. Los recién adquiridos están situados en las calles de Mediodía Grande, número 20; Pozas, número 8, y Amparo, número 10. El Ayuntamiento ha invertido en total 165 millones de pesetas por los 16 inmuebles, que integran 281 viviendas y 35 locales comerciales.
(I) EL PAIS. Madrid. Domingo, 24 de noviembre de 1985
Tierno, en la corrala
EL PAIS | Madrid
El alcalde de Madrid, Enrique Tierno, inauguró ayer la corrala de Miguel Servet, una vez finalizadas las obras de rehabilitación de las viviendas, realizadas con subvenciones muhicipales. La corrala, construida a principios del siglo XIX, es un buen exponente de la arquitectura castiza madrileña.
(I) EL PAIS. Madrid. Martes, 26 de noviembre de 1985
Los jóvenes ‘ocupalocales’
Los últimos intentos de ocupar locales vacíos para actividades sociales y culturales han contado con el apoyo de directivos de la Federación Regional de Asociaciones de Vecinos de Madrid. Este movimiento ciudadano recuerda la existencia de más de 100.000 viviendas desocupadas en la ciudad, muchas de ellas por motivos especulativos, aunque consideran también que el Plan General de Madrid ha frustrado, en muchos casos, dicha especulación.
Junto a Salvador Torrecilla firman este texto José María Blazquez Julia García y José María Terceiro, miembros de la junta directiva de la Federación Regional de Asociaciones de Vecinos de Madrid
SALVADOR TORRECILLA | Madrid
Hacía muchos años que no se ocupaba un local para fines sociales o culturales en Madrid. Si mal no recordamos, la última fue la del Centro Social de La Ventilla, allá por el año 1976. De entonces a hoy, el deporte de la patada en la puerta no nos ha abandonado: La Ventilla, San Blas, General Fanjul, Orcasitas, Vallecas, han sido escenarios de este fenómeno de necesidad, frecuentemente resuelto con la expulsión de los ocupantes, aunque, también hay que decirlo, con notables resultados en la pretensión de obtener una vivienda por parte de familias chabolistas, desahuciadas o en grave situación de hábitat. Por una extremada prudencia del movimiento vecinal, estas ocupaciones se redujeron al ámbito de las llamadas viviendas de propiedad pública (Obra Sindical del Hogar, colonias municipales o de funcionarios, etcétera), dejando premeditadamente a un lado cualquier actuación sobre los inmuebles y viviendas de propiedad privada.
La actuación de las asociaciones de vecinos se orientó, de forma colectiva, hacia el logro de viviendas sociales, en procesos de remodelación ambiciosos y activamente exigidos ante la Administración de los últimos 17 años.
El resultado salta a la vista. Hasta la fecha han sido más de 35.000 las viviendas construidas o en fase de construcción que se sitúan en los principales barrios obreros de Madrid y su región.
Delegaciones de krakers holandeses con los que tuvimos oportunidad de discutir los procesos reivindicativos se sorprendieron de la amplitud, carácter popular y resultados del movimiento por una vivienda digna en la comunidad de Madrid.
Una realidad que hiere
La carencia de viviendas y de locales para usos culturales y sociales en nuestros barrios contrasta con la existencia demás de 100.000 pisos y unos 50 grandes locales que se encuentran vacíos y diseminados por toda la ciudad.
Antiguas fábricas, locales comerciales, cines, naves industriales que permanecen cerradas a cal y canto desde hace más de 10 años, a la espera de un cambio afortunado en la calificación del suelo que permita especular con el solar. La realidad del Plan General de Madrid ha frustrado muchas de estas expectativas, obligando a un cambio interesado de táctica a sus actuales propietarios.
Los madrileños somos testigos del progresivo deterioro de estos locales, a los que frecuentemente se les eliminan las ventanas, se les originan destrozos en las techumbres y se simulan roturas estructurales que permitan declararlo más rápidamente en ruinas. Todo un fraude a las leyes urbanísticas -afortunadamente progresistas- y un atentado social a los intereses del conjunto de los ciudadanos.
El hecho de la ruina progresiva, la pérdida de recursos sociales y la especulación más descarada no parecen herir la sensibilidad de la justicia de algunos medios de comunicación ni siquiera de los ciudadanos bienpensantes de nuestra ciudad. No tienen tiempo de ocuparse de éstas ni necesidad social que les empuje a exigirlo.
Pero, ojo, que alguien se tome en serio eso de la crisis económica y desee colocar su granito de arena en la formulación de una política de austeridad urbanística y de aprovechamiento del patrimonio arquitectónico de nuestra ciudad. Ojo, también, si esos aprendices de urbanistas-arquitectos-políticos sociales son jóvenes y melenudos, porque entonces la ley, los bienpensantes y cierto sector de la Prensa -antes seria, hoy irritante- se alzarán, a la, voz de squatters, krakers, ocupalocales, drogadictos, terroristas, anatematizando lo divino y lo humano y dejando que las cosas sigan su curso normal, esto es, que los locales se caigan por el paso del tiempo o de una mano amiga, y que las viviendas duerman el sueño de los justos a la espera de una nueva ley de Arrendamientos que admita una revisión libre de los alquileres y que faculte a los propietarios a rescindir los contratos cómo y cuándo lo deseen.
Arbitrar medidas legales
Así como se ha puesto en marcha una ley de Expropiaciones para aquellas «fincas manifiestamente mejorables», deben arbitrarse medidas legales que mejoren manifiestamente la injusta situación de los locales vacíos.
Señor ministro de Obras Públicas, señor consejero, señor alcalde: ¿no hay fórmula legal alguna que sancione a los propietarios que poseen locales en dichas condiciones? Las asociaciones de vecinos nos ofrecemos a señalar y denunciar, si hiciera falta, todos los casos concretos.
La reciente ocupación de un local abandonado hace más de 15 años, en la calle del Amparo, de Madrid, por un numeroso grupo de jóvenes no nos ha sorprendido en absoluto, y públicamente le hemos ofrecido nuestro apoyo.
Ignoramos qué interés puede tener Hidroeléctrica Española en el inmueble abandonado dé la calle del Amparo, aunque nos lo imaginamos. Levantada la liebre del local, ahora todo serán urgencias y presiones para su recuperación, ¡que no utilización! ¿Sería posible, por una vez, que los beneficios obtenidos por el común de los usuarios de kilovatios revirtieran, por extraña paradoja, en los hijos de esos usuarios y se cediera el local a los jóvenes que han tenido la decisión -y también la valentía- de reivindicarlo públicamente, denunciando este delito social?
A la Administración le queda la responsabilidad de poner en uso aquellos locales desocupados dándoles un uso colectivo. Fijando precios controlados que eviten los consabidos abusos. Creando y difundiendo una línea de ayudas financieras y fiscales que disuadan a los propietarios y ayuden a los inquilinos. Que rehabilite locales y fincas para iniciativas socioculturales que impliquen a vecinos debidamente reconocidos y organizados.
Por una vez podría imponerse el interés social y la cordura a unas leyes que parecen seguir defendiendo el derecho de pernada como justificación del derecho privado.
(I) EL PAIS. Madrid. lunes, 16 de diciembre de 1985
Toledo
TRIBUNA
MONCHO ALPUENTE | Madrid
Ni siquiera Fellini, en sus ubérrimos delirios de Amarcord, hubiera imaginado que existiesen atributos capaces de rellenar de forma conveniente las vertiginosas copas del ciclópeo sostén que exhibe, impúdico y grotesco, este comercio de corsetería de la calle de Toledo especializado en tallas grandes. Un maniquí monstruoso, envuelto en una kilométrica bata guateada, preside el escaparate: Venus exuberante que centra una composición alegórica de fajas enormes, bragas imposibles y ligueros capaces de abarcar un hemisferio. Los escaparates de la calle vivieron mejores tiempos y cargan ahora con el polvo y la mugre que desprenden los vehículos y con los achaques de la edad. Se desplazó el centro hacia otros barrios y ha perdido su hegemonía esta avenida que diera entrada en la ciudad a los forasteros del Sur y del Levante, de La Mancha y la Extremadura. Aquí instalaban sus cajones y tabucos toda laya de vendedores ambulantes que llamaron la atención de El curioso parlante, don Ramón de Mesonero Romanos, que veía aquí una «España en miniatura» y distinguía por su atuendo la procedencia de arrieros y hortelanos, sacamuelas y truhanes, artesanos y buhoneros, que pernoctaban en las posadas de la Cava y comerciaban con desaforados pregones y expresivos aspavientos.
La vecindad del Rastro y de las Cavas, la plaza Mayor y el barrio de La Latina, la Morería cercana y el contiguo mercado de la Cebada conforman el genuino casticismo de esta calle, proto-Gran-Vía arrumbada de los barrios bajos, cátedra del madrileñismo militante a la sombra de las torres de San Isidro, catedral espúrea que contiene las urnas funerarias del patrón de Madrid y de su santa esposa circundados de espesos dorados, metopas y revocos que ocultan la modestia del templo, vagamente iluminado desde la cúpula encamonada, ingenioso artificio arquitectónico que abarataba los costes con su armazón de madera.
Adosado a San Isidro figura el instituto del mismo nombre, germen de la Universidad madrileña, que contó entre sus alumnos más notables con Lope, Quevedo, Baroja, Benavente y Aleixandre. Su patio herreriano con las águilas bicéfalas de su fundadora, la emperatriz Mariana de Austria, y la capilla de la Inmaculada, cuyo dogma exaltan los coloristas frescos de Delgado, un pintor discípulo de Palomino, conviven malamente con las modernas y sórdidas edificaciones actuales.
En la plaza de la Cebada se hallaba también el hospital de La Latina, fundación de doña Beatriz Galindo, hoy teatro de variedades bajo la advocación de Lina Morgan. En este teatro se examinaban hasta hace poco tiempo los candidatos a artistas para obtener el carné del Sindicato Vertical de Teatro, Circo, Variedades y Folclor, ante un tribunal de funcionarios severísimos.
Esta plaza fue también escenario de la ejecución de Riego, y luego mercado de abastos, bajo la estructura metálica creada por Calvo Pereira al estilo de Eiffel y con el recuerdo de Les Halles parisienses.
Demolido recientemente, aún se preguntan los vecinos del barrio qué se hizo con todos aquellos artísticos hierros, suponiendo que su destrucción llevó aparejado el enriquecimiento de algún revendedor espabilado. El nuevo edificio, de una fealdad insólita, sigue albergando uno de los mercados más abigarrados y castizos de la urbe y una piscina cubierta con vocación de Ganges suburbano.
El otro monumento de la calle de Toledo es la olvidada Fuentecilla, a la que poco le cuadra el diminutivo por su monumental estampa. Un oso, un dragón y un león que guarda bajo una de sus garras el globo terráqueo se dan cita en el incómodo pedestal, demasiado pequeño para albergar tanta grandeza zoológica y emblemática.
En la Fuentecilla, que mandó construir Fernando VII, figuran representadas algunas contradicciones de esta ciudad inventada; la grandeza de los símbolos contrasta con la ingenua tosquedad de la talla, y su pretensión monumental tropieza con lo grotesco de su factura. Una a una fueron cayendo las letras de su leyenda, sustituidas por grafitos anónimos, y hay que tener por lo menos un gramo de locura y una tonelada de amor a la Villa para encontrar en tan descabalada fuente un átomo de belleza, como la halla este cronista, que afirma, sin rubor, su admiración por este espantajo.